Mastodon Punto y Aparte

domingo, 21 de diciembre de 2025

Cortar de raíz la financiación de la ultradecha

 

RAMÓN TRIVIÑO

Cortar la financiación de la ultraderecha, o de cualquier movimiento antidemocrático, no significa censura ni represión ilegal, sino reducir fuentes de dinero opacas o abusivas mediante normas y acción cívica. Hay que poner límites estrictos a donaciones, especialmente de grandes donaciones privadas.




La financiación de los partidos políticos en España combina subvenciones públicas, cuotas de afiliados y donaciones privadas sujetas a límites legales. La normativa prohíbe la financiación extranjera directa y establece obligaciones de transparencia. Sin embargo, expertos en derecho electoral y fiscal coinciden en que el sistema presenta lagunas estructurales.

El control recae principalmente en el Tribunal de Cuentas, cuyas fiscalizaciones suelen publicarse con años de retraso y con sanciones limitadas. Este desfase reduce el impacto disuasorio y dificulta la corrección inmediata de irregularidades. Más allá de los partidos, la actividad política se articula a menudo a través de fundaciones, asociaciones culturales o plataformas cívicas ideológicamente alineadasen unmismo sectorideoógico. Estas entidades pueden recibir donaciones privadas, organizar actos y generar contenidos sin estar sometidas al mismo nivel de control que las formaciones políticas. En varios casos, estas organizaciones han accedido a subvenciones públicas autonómicas o municipales, así como a cesiones de espacios y contratos menores, lo que ha reabierto el debate sobre la delgada línea entre actividad cultural y propaganda política.

Otra vía de financiación indirecta es la relación con determinados medios digitales y canales de comunicación afines ideológicamente. La publicidad institucional, gestionada por administraciones públicas, se ha convertido en un punto especialmente preocupante. España carece de criterios homogéneos y plenamente transparentes para el reparto de estos fondos, lo que ha generado críticas por el uso discrecional de recursos públicos para favorecer a medios alineados políticamente, incluidos aquellos que difunden desinformación o mensajes de exclusión.

El entorno digital ha añadido complejidad al control financiero. Microdonaciones online, campañas de anuncios segmentados y apoyo económico transnacional dificultan la trazabilidad del dinero. Aunque la propaganda electoral está regulada, la supervisión de la publicidad política en redes sociales sigue siendo limitada.

La Junta Electoral Central ha advertido en varias ocasiones de la necesidad de adaptar la legislación a estas nuevas dinámicas, hasta ahora, especialmente en periodos electorales. Buena parte de las irregularidades relacionadas con la financiación política en España han salido a la luz gracias al intenso trabajo del periodismo de investigación. Filtraciones, análisis de contratos públicos y seguimiento de entramados asociativos han permitido revelar prácticas que no habían sido detectadas por los mecanismos de control ordinarios. Organizaciones de defensa de la libertad de prensa subrayan que la protección legal de periodistas y el acceso efectivo a la información pública siguen siendo factores clave para garantizar la transparencia democrática.

Especialistas en ciencia política coinciden en que la financiación opaca no es exclusiva de una ideología concreta, pero advierten de que los movimientos extremistas tienden a beneficiarse más de entornos con controles débiles, especialmente cuando combinan discurso antisistema con estructuras paralelas de apoyo económico.

Reducir estas prácticas no pasa por medidas excepcionales, sino por reforzar la aplicación de las leyes existentes, mejorar la supervisión y actualizar la regulación al contexto digital. La financiación de la ultraderecha en España pone de relieve las limitaciones del sistema del control político-financiero. Más que un debate que exija transparencia total en anuncios políticos en redes quién paga, cuánto y a qué público se dirige.

domingo, 16 de noviembre de 2025

Activismo y redes sociales

 

RAMÓN TRIVIÑO

La militancia en redes sociales en los tiempos que corren es una forma de activismo digital que busca generar conciencia, movilización y cambio social a través de las diferentes plataformas. Este tipo de militancia ha transformado la manera en que las personas se organizan y participan en reivindicaciones políticas, sociales y culturales. Las redes permiten que un mensaje, hashtag o video se vuelva viral en cuestión de horas, logrando gran alcance sin depender de los medios tradicionales. Se pueden citar como ejemplos los movimientos como #MeToo, #BlackLivesMatter o #NiUnaMenos.


Activismo híbrido.


Cualquier persona puede sumarse, utilizando formatos creativos para opinar o compartir contenido sin necesidad de pertenecer a una organización formal, utilizando memes, reels, hilos explicativos y videos cortos que se usan para transmitir mensajes políticos o sociales de manera accesible y también emocional.

La militancia digital facilita el contacto entre activistas, organizaciones, figuras públicas y ciudadanía, generando debates y comunidades virtuales. Dado que la mayoría de usuarios entra a redes para entretenerse e interactuar, los contenidos de activismo que siguen formatos más lúdicos, visuales, participativos pueden tener mejor difusión.

Las plataformas que crecen más, Instagram, Bluesky o TikTok, son clave especialmente si tu público objetivo es joven. Por otra parte, existen redes donde el uso se está estancado o cayendo, por ejemplo Facebook o la antigua Twitter (X), en donde quizá haya que ajustar expectativas, respecto a un menor alcance orgánico o menos crecimiento. El elevado acceso desde el móvil sugiere que cualquier campaña o estrategia debe estar optimizada para móvil en cuanto formato, duración o interactividad. También es importante conocer el perfil demográfico, edad, estudios, género, que ayudan a ajustar tono, mensaje, canal.

ESTADÍSTICAS

En España, el 73 por ciento de la población declara que se informa una o varias veces al día a través de medios tradicionales, televisión, radio o prensa, frente al 63 por ciento que acude a fuentes digitales como redes sociales o plataformas audiovisuales online.

Respecto a la confianza en la información, el 77 por ciento de los ciudadanos considera que los medios tradicionales son más fiables que las redes sociales. En el segmento adolescente, mayores de 14 años, el 60 por ciento prefiere informarse en las redes sociales mientras que la prensa en papel se sitúa muy por detrás. En cuanto al uso general de redes sociales, un estudio indica que el 95 por ciento de los internautas en España usa redes sociales. Sobre el uso reciente de medios, en el informe “Marco General de los Medios en España 2024” aparece que el uso de cualquier red social en los últimos 30 días es del 64,1 por ciento. Aunque las redes sociales tienen extenso alcance y penetración, especialmente entre los jóvenes, los medios tradicionales siguen gozando de mayor confianza para la ciudadanía española en su conjunto.

Para campañas de activismo digital, esto implica que utilizar redes sociales puede ser muy útil para difusión, conexión rápida y llegada a públicos jóvenes; pero si el objetivo es generar credibilidad, legitimidad o movilización de audiencias más amplias, no sólo jóvenes, quizá convenga apoyarse también en medios tradicionales o coordinar mensajes híbridos, digital + tradicional. Un punto a tener en cuenta el uso de redes puede facilitar la viralidad o el alcance masivo, pero ese alcance no se traduce automáticamente en confianza o impacto profundo. Para audiencias jóvenes, las redes pueden funcionar como canal principal de información, lo que es importante si la acción de militante se dirige a ese segmento.

LO QUE DEMUESTRAN LOS DATOS

En 2024, la Plataforma del Voluntariado de España (PVE) estimó que más de 4,2 millones de personas, el 10,1 por ciento de la población mayor de 14 años, han participado en voluntariado presencial o mezcla presencial-digital. En ese mismo informe, se observa que el porcentaje de activistas más jóvenes, de entre 14-24 años, ha aumentado, alcanzando el 13,1 por ciento de los voluntarios totales, frente a 7,1 por ciento del año anterior. Otro informe indica que en 2024 el 19,8 por ciento de la población de 16 años o más en España declaró que había participado como activista en una organización sin ánimo de lucro en los últimos doce meses.

Podría decirse que la acción presencial no está claramente aumentando de forma amplia, y algunos datos señalan una ligera disminución o estabilización en el voluntariado o activismo, pero no parece haber una caída exagerada de la participación. Más bien parece ocurrir una transformación, ya que hay más acciones híbridas (online + presencial); hay más jóvenes incorporándose, aunque quizá desde niveles más bajos; también existe Un activismo más sectorizado, en los campos de lo social, sociosanitario, o cultural.

Parece relevante conocer los datos que se refieren al número de manifestaciones presenciales de todo tipo que se celebraron en España. Entre 2015 y 2018 se convocaron 188.751 manifestaciones, una media de unas 129 al día. Tras la caída de 2020, debido a la pandemia, las manifestaciones vuelven rápidamente a niveles muy altos. 2022 es un año de muchas manifestaciones comunicadas, decenas de miles, y el período 2023–2024 mantienen un escenario de fuerte presencia en la calle.

En cuanto al nivel de participación en estas convocatorias, a la luz de los datos se puede concluir que ha habido una ligera bajada respecto al pico 2012–2014, 27,5 por ciento, pero la participación se mantiene muy alta y estable alrededor del 20 por ciento, sobre todo centradas en materias como feminismo, clima, vivienda, turistificación o Palestina), y sin olvidar el incremento de los sectores ultraderechistas. España se mantiene entre los primeros países de Europa en participación en manifestaciones durante toda la última década.