martes, 24 de abril de 2018

Vídeo-blog Portugal: tan cerca, tan lejos


Hace ahora 44 años que triunfaba en Portugal la llamada Revolución de los Claveles, en la que sin disparar un solo disparo, se ponía fin a la dictadura de Salazar. Mucho ha llovido desde entonces, pero es ahora cuando el país vecino vive un nuevo renacimiento en todos los órdenes, al tiempo que se ha convertido en ejemplo en toda Europa de hacer políticas para la gente.


Observadores de todo el mundo están siguiendo con mucha atención la manera como Portugal llegó al borde del abismo, de una catástrofe económica y se recuperó. Lo hizo con una receta de rechazo a la austeridad, que deja en entredicho muchos de los dogmas económicos tradicionales.
Hoy Portugal está dirigida por un gobierno minoritario socialista, que sobrevive en una coalición parlamentaria con la extrema izquierda, incluyendo a los comunistas y que ha conseguido el aplauso del Fondo Monetario Internacional.

En el año 2011, Portugal estaba al borde de la ruina. Había tenido que pedir un rescate de 78.000 millones de euros. Al igual que pasó con Grecia, la troika impuso durísimas condiciones de austeridad fiscal, que un gobierno conservador en Portugal intentó hacer cumplir. Miles de empleados fueron despedidos. Se recortaron los salarios. Incluso muchos días festivos fueron cancelados por un gobierno que intentaba evitar la quiebra nacional.

En ese contexto, las elecciones de 2015 parecían presagiar más problemas para Portugal. El electorado rechazó la austeridad y puso en el poder a una coalición de socialistas con comunistas y otros partidos de extrema izquierda.

Las políticas que implementó el gobierno de Antonio Costa iban en contra del recetario tradicional. Se revirtieron los recortes salariales del anterior gobierno. Simplemente se recuperaron de los recortes que habían sufrido durante la época de la troika. También se restauró una jornada laboral de 35 horas semanales para empleados públicos, se recuperaron las pensiones y se aumentó el salario mínimo.

Lo novedoso es que estos programas sociales se hicieron de una manera fiscalmente responsable. Se combinaron con otros recortes en el gasto estatal que permitieron a Portugal mantener los objetivos de reducción del déficit.

El crecimiento anual se acerca al 3 por ciento y, por primera vez en una década, el desempleo ha caído a menos del 10 por ciento. Las exportaciones y los ingresos por turismo han aumentado vertiginosamente.

 Las dos preguntas obvias que muchos se hacen sobre el milagro económico portugués son dos: ¿durará mucho tiempo más? Y también, ¿puede ser implantado en otros países?
En cuanto a su sostenibilidad, muchos se preguntan cuánto durará esa inesperada armonía entre un gobierno de tecnócratas, y la coalición parlamentaria de ultraizquierdistas que los mantiene en el poder.
Sobre la segunda pregunta hay que decir que la experiencia portuguesa es una muestra de que la austeridad a cualquier costo no es el único camino válido para salir de la crisis.

Y cuando el mismo Fondo Monetario Internacional está aplaudiendo los resultados de la estrategia portuguesa, de mejorar las condiciones salariales de la gente para hacer que despegue el crecimiento, y así que se reduzca el déficit fiscal, parece evidente que el dogma está cambiando.

Lo que sienten hoy los portugueses es más parecido a una euforia que muy pocos habrían vaticinado hace apenas un par de años, pero que ahora los ha convertido, tal vez en la muestra más clara de una recuperación económica europea. Está claro que hay otras formas de hacer política.

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