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miércoles, 3 de junio de 2020

La equidistancia o ser de derechas sin saberlo


Desde hace unos cuantos días se ha abierto en el seno de la profesión periodística un amplio debate sobre la equidistancia, adjetivo que la RAE define como una actitud que es equilibrada y no se inclina ante las partes de un conflicto.

Sala de prensa del Palacio de La Moncloa.
Muchos colegas no han tenido incoveniente en definirse como equidistantes ante la larga serie de conflictos políticos que, desgraciadamente, vive España en la actualidad, ignorando que equidistancia, neutralidad e imparcialidad, no son palabras sinónimas.

Equidistancia es estar a la misma distancia de dos puntos, lo que en sentido ético, por ejemplo, sería mantener la misma proximidad o lejanía respecto de los asesinos y de sus víctimas.

Neutralidad significa no participar en un conflicto o no tomar partido a favor de ninguno de los contendientes. La neutralidad a veces es sensata y a veces indecente. En los conflictos sobre derechos fundamentales no se puede ser neutral. En cuestiones de este tipo todos debemos participar.

Citando al filósofo, José Antonio Marina, nada sospechoso de ser un pensador de la izquierda, imparcialidad es la virtud del juez justo, y conviene advertir que todos los ciudadanos debemos intentar ser jueces justos.

La imparcialidad implica no dejarse llevar de prejuicios, de intereses propios, de simpatías o antipatías, y evaluar las cosas con la mayor objetividad posible. En ocasiones, como en las discusiones abiertas en la actualidad sobre derechos y libertades, no se puede ser ni equidistante ni neutral.

Marina asegura que decir “yo no juzgo a nadie” es la sensiblera expresión de una falsa bondad. Estamos continuamente juzgando. Incluso una tolerancia mal entendida que se inhibe de las cosas, está juzgando también. Precisamente por ello, hay que empeñarse en juzgar imparcial, seria, honestamente, los comportamientos propios y ajenos.

Después de estas consideraciones, llego a la conclusión de que la equidistancia de la que presumen algunos compañeros de profesión, confundiendo esa posición con el necesario objetivo de actuar guiados por la inalcanzable virtud de la objetividad, se debe, ni más ni menos, a su origen de clase.

Son colegas de derechas, lo que no supone ningún desdoro, que tradicionalmente práctican el deporte de nadar y guardar la ropa, nunca se mojan por nada ni por nadie ajeno a sus intereses personales y que además, quizá por su crianza católica, se han aficionado a pontificar en lugar de a opinar.

No hay que olvidar también que en estos tiempos de mudanza otros se han vendido al mejor postor y dedican toda su energía a poner en solfa cualquier acción del legítimo Gobierno de progreso del que disfrutamos.


miércoles, 2 de mayo de 2018

RTVE o la máquina de picar la realidad


Los periodistas que a lo largo de nuestra trayectoria profesional tuvimos la oportunidad de formar parte de la plantilla de la empresa pública Radio Televisión Española (RTVE) sabemos que nunca fue fácil abrazar el objetivo irrenunciable de la objetividad.

La corporación pública de medios de comunicación lleva a sus espaldas unas cuantas décadas de Historia y por su dirección han pasado buenos y malos gestores, así como directivos que han estado más lejos, o más cerca, de los criterios de pluralidad, objetividad y calidad que se exigen a la radio y televisión públicas.

Asamblea de trabajadores de RTVE.
Como ejemplo de lo que aquí se dice se pueden reseñar dos etapas. Una de oscuridad, que es la que corresponde a los gobiernos del PP, entre 1996 y 2004, con la presencia de Alfredo Urdaci al frente de los informativos de TVE. Y una segunda, de las más brillantes de la Historia de RTVE, pilotada por el periodista Fran Llorente como director de Informativos de TVE. El inquilino entonces de La Moncloa era el socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

La vuelta del Partido Popular a la jefatura del Gobierno en 2011, vuelve a sumir a la RTVE en una nueva etapa de oscurantismo y de una evidente falta de neutralidad política. Primero de la mano de Julio Somoano y después de la de José Antonio Álvarez Gundín, actual director de los Servicios Informativos ya en la etapa, la más negra, de Jose Antonio Sánchez Domínguez, como presidente de RTVE.

Una situación que es más alarmante si se tiene en cuenta la existencia, después de casi un año de negociaciones, de la Ley 5/2017, de 29 de septiembre, que modificó, mediante consenso, la anterior legislación reguladora de la televisión de titularidad estatal, previamente modificada a su antojo por el PP, para recuperar la independencia de RTVE y el pluralismo en la elección parlamentaria de la Presidencia y el Consejo de Administración mediante un concurso público.

La renovación de la dirección de RTVE volvía a retrasarse el 26 de abril de 2018 ante la falta de acuerdo entre el Partido Popular y el resto de fuerzas políticas sobre el método de votación que debían adoptar las Mesas del Congreso y el Senado para desbloquear la elección de la cúpula de la radio y televisión públicas.

Reporteros Sin Fronteras (RSF) consideraba hace pocas fechas como "desastroso el bloqueo del PP a la reforma de RTVE", al tiempo que pedía una rectificación urgente y denunciaba argucias, para no llevar a cabo la reforma de RTVE. Sobre todo a un año de las elecciones autonómicas y municipales. El Partido Popular no quiere perder el control informativo, manifestaron en un comunicado.

A este escenario se llegaba tras conocerse la noticia de que la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo había admitido a trámite la solicitud del Consejo de Informativos de TVE que solicitaba a la eurocámara que estudiase y tomase las medidas necesarias para que el Gobierno español actúe y "haga cumplir los principios de objetividad, pluralidad e imparcialidad a los que está obligada la televisión pública tanto por la legislación española como por la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Este anuncio del Parlamento Europeo llegaba solo un día después de que el Consejo de Informativos denunciase, una vez más, hasta 50 casos de manipulación y censura de las diferentes ediciones de los informativos durante el último trimestre de 2017.

El mismo Consejo de Informativos y el colectivo de Mujeres de RTVE iniciaban el pasado 30 de abril una campaña en redes sociales para denunciar la manipulación informativa en la corporación y pedir de nuevo su renovación inmediata. Decenas de testimonios dan cuenta de casos concretos que plasman cómo se utilizan los medios públicos con fines partidistas mediante los  hashtags #AsíSeManipula y #RTVEdeTodos.

En definitiva, una situación a todas luces insostenible, que ha convertido programas ejemplares, como el otrora Informa Semanal, en descarados altavoces de propaganda partidista, y al conjunto de RTVE  en una verdadera máquina de picar la realidad.