lunes, 26 de febrero de 2018

Sin libertad de expresión la democracia es imposible

Hace días que elucubro, preocupado, por la deriva que está tomando el derecho a la libertad de expresión en España, que a más de uno nos costó conseguir con sudor y lágrimas, además de unas cuantas somantas de palos a manos de los grises. Especificar, para los más jóvenes, que los policías vestían de ese color hasta 1978, todavía en el inicio de la transición democrática, para después pasar a uniformarse de color marrón, los llamados maderos y después de azul, actual vestimenta del Cuerpo Nacional de Policía.

No hace falta referirse a ningún tratado en concreto, desde la antigüedad hasta ahora, para constatar que la democracia no es posible ante la ausencia de libertad de expresión, ya que es la ciudadanía la que ejerce un contrapeso a los poderes del Estado, ya sean públicos, económicos o de otra índole. Insisto, sin libertad de expresión no hay democracia.

Pero no quiero andarme por las ramas y voy al grano. A mi juicio, el dedo en la llaga lo ponía el pasado domingo en un artículo de opinión en elplural.com el periodista José Antonio Pareja, que en un artículo titulado Dictadura, pero que parezca un accidente, ponía de relieve las aviesas intenciones del Partido Popular que intenta mantener el control del país amordazándolo. “La España que nos va a quedar se va a parecer mucho a la que intentamos enterrar hace 40 años” vaticinaba Pareja.
La libertad de expresión en España está en franco retroceso.
Y su preocupación no es minoritaria, sino de una gran mayoría de los ciudadanos que creen en el progreso y en la democracia.  La pasada semana Amnistía Internacional denunciaba los retrocesos que ha experimentado la libertad de expresión en España y considera que este derecho se restringió de forma "desproporcionada" en 2017.

La citada ONG alertó de que en 2017 se "restringió desproporcionadamente" la libertad de expresión y el derecho de reunión pacífica, tanto en el ámbito de las leyes como a través de algunas prácticas policiales. Alzar la voz se ha vuelto cada vez más peligroso en las redes sociales, relatan los responsables de Amnistía, que además muestran su inquietud por la autocensura a la hora de documentar actuaciones policiales y muchas personas tienen miedo a la hora de salir a la calle a protestar y reclamar sus derechos, debido a la represión.

Las denuncias de Amnistía Internacional han tenido también eco en el diario norteamericano The New Tork Times que en días pasados ha asegurado que España se ha convertido en un país donde los riesgos para la libertad de expresión se han incrementado  en los últimos años.

Además de referirse a los nefastos efectos de la llamada ley Mordaza para la libertad de expresión el prestigioso rotativo estadounidense hace un repaso a hechos de los últimos días como el secuestro cautelar del libro Fariña, del que es autor el periodista Nacho Carretero, la retirada de ARCO de la obra de Santiago Sierra que retrataba a Junqueras y los Jordis como presos políticos y  también a la condena al rapero Valtonyc por las letras de sus canciones.

The New Tork Times resalta que el actual escenario, claramente represivo, se empezó a detectar como consecuencia de las políticas e iniciativas legislativas de Mariano Rajoy, con las que, según el citado periódico, se pretendía "controlar la propagación de las protestas durante la crisis.
Razón por la que parece que volvemos a encontrarnos con una situación que ya vivimos antes, ante la cual no parece que la mejor forma de hacerla frente sea amilanándose o reculando. Los demócratas de verdad tenemos la obligación de defender todos los derechos y libertades.

Como dice José Antonio Pareja en su ya citado artículo “Lo que debemos decidir es si permitimos que sea el Gobierno, y no el poder legislativo, quien resuelva sobre estas cuestiones”. Para añadir que “cuando la libertad no es un derecho igual para todos, aparece el monstruo de la injusticia”.