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martes, 15 de noviembre de 2016

La hoja de ruta del Susanismo

Se quiera, o no, la hoja de ruta del Susanismo tendrá una importancia fundamental para analizar el panorama político más próximo. Haga lo que haga Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía y secretaria general del PSOE andaluz, estará en el ojo del huracán, ya que sus decisiones determinarán el devenir, no sólo de Andalucía, sino del conjunto de España.

Por mucho que disimule el Susanismo, parece que ya, por fin, han sido capaces de diseñar una hoja de ruta, una vez que creen superado el periodo de turbulencias que condujo al golpe de mano que defenestró a Pedro Sánchez de la secretaría general federal, y que, como ha quedado demostrado, tuvo en Su Susanísima a su máxima mentora.

Una hoja de ruta que tendría como objetivo final el asalto al poder en el PSOE de la ínclita, que ya ha medido los apoyos con los que podría contar para esta tarea, que no está exenta de nubarrones que podrían oscurecer el camino para lograr sus aspiraciones.

Chaves, González, Díaz y Griñán.
Susana Díaz ya ha comenzado a prodigarse en los medios de comunicación pero, hasta el momento, sin desvelar sus intenciones, que por otro lado parecen claras. Para ello se ha pertrechado de eslóganes, palabras huecas y lugares comunes, como parte de una estrategia que busca ganar tiempo.
El próximo golpe de efecto llegará el próximo jueves día 17 cuando el expresidente Felipe González desembarque en Sevilla para participar en un foro coloquio del Grupo Joly, en el que coincidirá casualmente con Díaz y en el que se espera que se desvelen algunas de las claves de la citada hoja de ruta.

Sin embargo, a pesar de la legión de apparátchiks que se emplea a fondo durante estas fechas en las redes sociales, para tratar de empañar la contestación interna, son innumerables los militantes que se enfrentan a cara de perro con las tesis del Susanismo, y no sólo en el mundo virtual, sino también en el real.

No hay que irse muy lejos. En Sevilla, al igual que en Málaga, y el resto de provincias andaluzas, son muy numerosos los militantes que siguen clamando, y parece que no se cansarán, para que la comisión gestora del PSOE convoque, sin dilación, un Congreso Federal extraordinario y unas primarias que pongan fin al gobierno de interinidad del partido y frene la brecha abierta en la organización.

Pero además, el Susanismo tendrá que lidiar con los aconteceres de la vida política cotidiana, entre ellos la discusión de los Presupuestos Generales del Estado, y la interminable mancha de aceite de la corrupción, que empieza a salpicar a algunos de los nuevos ministros y a un buen puñado de los altos cargos debutantes.

Por otra parte, las cosas también se le complican a la presidenta andaluza en el nivel referente a su gestión política en la Junta de Andalucía, con el llamado Caso Asisa, por el que toda la oposición pide explicaciones, que a primera vista huele bastante mal, y que podría tener ramificaciones en un pasado no muy lejano.

Para añadir más leña al fuego, en el horizonte se otean los problemas que para los objetivos de Su Susanísima supondrá la celebración de la vista oral del procedimiento judicial en el que, entre otros muchos, han sido encausados Manuel Chaves y José Griñán, pendiente de que la Audiencia de Sevilla marque la fecha de su inicio.


Mientras tanto, la ciudadanía asiste al espectáculo, con ganas de participación y con la conciencia cada vez más crítica con todo lo que les rodea, según advierten las denostadas encuestas. Parece que los intentos de instalar la adormidera colectiva, mediante lunas llenas, cocineros superstar y operaciones triunfo, que, vergonzantemente, ocupan lugares estelares incluso en los Telediarios, no parecen surtir efecto. El tiro les va a salir por la culata.

jueves, 29 de septiembre de 2016

La puntilla

Felipe González fue un referente toda la vida. Hasta ahora no me había cansado de loar las políticas que impulsó desde sus Gobiernos, apoyados por el PSOE, y que permitieron transformar a España en un país que pasó de verse en blanco y negro, a otro que pudimos contemplar a todo color. Fue un cambio tan rotundo que recibió el reconocimiento internacional generalizado y, a nivel interno, el de muchos de sus detractores.
La actuación de González ante los micrófonos de la Cadena Ser el miércoles día 26 dando la puntilla al secretario general de su partido, Pedro Sánchez, y su opinión favorable a abrir la puerta a un nuevo Gobierno de la derecha que preside Mariano Rajoy, que tanto daño ha infligido a millones de ciudadanos, así como su claro apoyo a un Ejecutivo basado en una gran coalición, han motivado que el mito de González se me cayera como los palos del sombrajo. No es el Felipe que conocí en los inicios de mi carrera profesional.

Felipe González.

En el complicado panorama interno que vive el socialismo español en estas horas, es difícil tomar postura, pero lo que sí parece claro es que la legitimidad está en las manos de Pedro Sánchez, con los manidos estatutos a la vista. Mientras que los que denominados críticos se figuran como un bando de ninis asustados ante la posibilidad de ver en riesgo las poltronas que ocupan, en algunos casos, gracias a sus brillantes carreras realizadas en el seno de la propia organización socialista. Andalucía, Susana Díaz y su entorno, es claro ejemplo de lo que expongo.
Por mucho que levanten la voz personajes como Verónica Pérez, Guillermo Fernández Vara, o el caso singular de Carme Chacón, reclamando una legitimidad que no poseen, la razón estará en la opinión de la mayoría de la militancia, e incluso, llegado el caso, en la mayoría de los simpatizantes del PSOE, que siguen aportando su voto elección tras elección. Y ese proceso exige la celebración de un congreso federal y la convocatoria de primarias.
Mientras tanto, el PSOE debe seguir defendiendo él no es no a Rajoy, intentando una alternativa, aunque sea nucleada en torno a sólo 85 diputados, mediante una negociación cargada de generosidad por las partes y desatendiendo los cantos de sirena que promueven los grupos de presión, los grandes lobbies y la propia derechona, que utilizan el miedo como principal estrategia.