jueves, 29 de septiembre de 2016

La puntilla

Felipe González fue un referente toda la vida. Hasta ahora no me había cansado de loar las políticas que impulsó desde sus Gobiernos, apoyados por el PSOE, y que permitieron transformar a España en un país que pasó de verse en blanco y negro, a otro que pudimos contemplar a todo color. Fue un cambio tan rotundo que recibió el reconocimiento internacional generalizado y, a nivel interno, el de muchos de sus detractores.
La actuación de González ante los micrófonos de la Cadena Ser el miércoles día 26 dando la puntilla al secretario general de su partido, Pedro Sánchez, y su opinión favorable a abrir la puerta a un nuevo Gobierno de la derecha que preside Mariano Rajoy, que tanto daño ha infligido a millones de ciudadanos, así como su claro apoyo a un Ejecutivo basado en una gran coalición, han motivado que el mito de González se me cayera como los palos del sombrajo. No es el Felipe que conocí en los inicios de mi carrera profesional.

Felipe González.

En el complicado panorama interno que vive el socialismo español en estas horas, es difícil tomar postura, pero lo que sí parece claro es que la legitimidad está en las manos de Pedro Sánchez, con los manidos estatutos a la vista. Mientras que los que denominados críticos se figuran como un bando de ninis asustados ante la posibilidad de ver en riesgo las poltronas que ocupan, en algunos casos, gracias a sus brillantes carreras realizadas en el seno de la propia organización socialista. Andalucía, Susana Díaz y su entorno, es claro ejemplo de lo que expongo.
Por mucho que levanten la voz personajes como Verónica Pérez, Guillermo Fernández Vara, o el caso singular de Carme Chacón, reclamando una legitimidad que no poseen, la razón estará en la opinión de la mayoría de la militancia, e incluso, llegado el caso, en la mayoría de los simpatizantes del PSOE, que siguen aportando su voto elección tras elección. Y ese proceso exige la celebración de un congreso federal y la convocatoria de primarias.
Mientras tanto, el PSOE debe seguir defendiendo él no es no a Rajoy, intentando una alternativa, aunque sea nucleada en torno a sólo 85 diputados, mediante una negociación cargada de generosidad por las partes y desatendiendo los cantos de sirena que promueven los grupos de presión, los grandes lobbies y la propia derechona, que utilizan el miedo como principal estrategia.

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