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domingo, 2 de octubre de 2016

El golpe de mano

Lo que ha sucedido el sábado día 1 de octubre en el seno del PSOE ha sido un golpe de mano, como bien describe el periódico ‘The Guardian’. El rotativo británico asegura que el intento de golpe de estado tenía dos objetivos "derrocar a Pedro Sánchez y romper nueve meses de estancamiento electoral". El mismo medio, con el que coinciden otros como 'The Washington Post', señala además que el líder socialista supo mantenerse "firme" ante la "renuncia masiva de sus oponentes", a la vez que resalta la figura de la presidenta de la mesa del comité federal del PSOE, Verónica Pérez, que se había erigido como "la única autoridad que existe" en el partido, y a la que califica de "aliada de Susana Díaz".
Una muy breve descripción del escenario, pero muy atinada, que coincide con el pronóstico de Josep Borrell cuando en vísperas de la asonada señalaba ante los micrófonos de la SER que si lo que está pasando en el PSOE es "un golpe de Estado, está organizado por un sargento chusquero". Y efectivamente, detrás del golpe de mano se encontraba el equipo de ninis encabezado por Susana Díaz, que al igual que ellos sólo basa su experiencia en la carrera orgánica y en el afán de trincar poltronas a cualquier precio, mediante zancadillas o cabezas cortadas.
Pero además, la ínclita aprovechó para su pronunciamiento el empeño de los poderes fácticos, entre los que se encuentran la derecha, los lobbies económicos, distintos medios de comunicación y los intereses personales de ciertos barones de su propio partido, para apuntillar al ya exsecretario general, Pedro Sánchez.  La señal para el levantamiento fueron las declaraciones en la ya citada emisora de Felipe González.

Un momento de la reunión del comité federal.
Y comenzó el triste espectáculo para los que siempre nos hemos sentido socialistas de corazón y para los millones de votantes del PSOE. El pesar lo describía bien un viejo militante, Enrique Linde, que a través de un tuit señalaba con ironía  “la pena es que a Verónica Pérez le ha durado poco ser la máxima autoridad en el PSOE. Pérdida irreparable”.
Sí una pérdida irreparable que conduce a un nuevo escenario plagado de incertidumbres, en el que habrá que despejar primero que postura se adoptará ante la investidura de Rajoy. Algunos de ellos insistían hoy domingo en que el ‘no es no’, aunque la decisión tendrá que adoptarla un próximo comité federal, que revoque la postura anterior, en un proceso que dirigirá la comisión gestora integrada, salvo alguna excepción, por los referidos ninis. En el resto de los partidos de izquierda se frotan las manos pensando en las paletadas de votos que pueden recibir como herencia.

Pedro Sánchez.
A pesar de la irresistible algarada, Pedro Sánchez, el único elegido en ‘primarias’ en la historia del PSOE, decidió mostrar su mejor cara y, como había adelantado, presentó la dimisión ante el cuestionamiento de su papel como secretario general y la oposición de los críticos a que fuera la militancia la que decidiera qué posición política adoptar ante el proceso de investidura. El PSOE, si quiere sobrevivir, tiene que aparecer como alternativa en el seno de la izquierda o en comunión con otros de sus elementos.
En definitiva, dolorosa despedida a Pedro Sánchez que tras pedir la unidad del conjunto de la centenaria organización, mostró su orgullo por pertenecer a ella, así como el honor de haber sido su secretario general. Todo un socialista.


jueves, 29 de septiembre de 2016

La puntilla

Felipe González fue un referente toda la vida. Hasta ahora no me había cansado de loar las políticas que impulsó desde sus Gobiernos, apoyados por el PSOE, y que permitieron transformar a España en un país que pasó de verse en blanco y negro, a otro que pudimos contemplar a todo color. Fue un cambio tan rotundo que recibió el reconocimiento internacional generalizado y, a nivel interno, el de muchos de sus detractores.
La actuación de González ante los micrófonos de la Cadena Ser el miércoles día 26 dando la puntilla al secretario general de su partido, Pedro Sánchez, y su opinión favorable a abrir la puerta a un nuevo Gobierno de la derecha que preside Mariano Rajoy, que tanto daño ha infligido a millones de ciudadanos, así como su claro apoyo a un Ejecutivo basado en una gran coalición, han motivado que el mito de González se me cayera como los palos del sombrajo. No es el Felipe que conocí en los inicios de mi carrera profesional.

Felipe González.

En el complicado panorama interno que vive el socialismo español en estas horas, es difícil tomar postura, pero lo que sí parece claro es que la legitimidad está en las manos de Pedro Sánchez, con los manidos estatutos a la vista. Mientras que los que denominados críticos se figuran como un bando de ninis asustados ante la posibilidad de ver en riesgo las poltronas que ocupan, en algunos casos, gracias a sus brillantes carreras realizadas en el seno de la propia organización socialista. Andalucía, Susana Díaz y su entorno, es claro ejemplo de lo que expongo.
Por mucho que levanten la voz personajes como Verónica Pérez, Guillermo Fernández Vara, o el caso singular de Carme Chacón, reclamando una legitimidad que no poseen, la razón estará en la opinión de la mayoría de la militancia, e incluso, llegado el caso, en la mayoría de los simpatizantes del PSOE, que siguen aportando su voto elección tras elección. Y ese proceso exige la celebración de un congreso federal y la convocatoria de primarias.
Mientras tanto, el PSOE debe seguir defendiendo él no es no a Rajoy, intentando una alternativa, aunque sea nucleada en torno a sólo 85 diputados, mediante una negociación cargada de generosidad por las partes y desatendiendo los cantos de sirena que promueven los grupos de presión, los grandes lobbies y la propia derechona, que utilizan el miedo como principal estrategia.