sábado, 17 de septiembre de 2016

Buscar una salida

Lo que está sucediendo a lo largo y ancho de nuestra piel de toro tiene un responsable principal, la suave lluvia que cae lentamente sobre el territorio empapándolo todo de corrupción, lo que provoca un desánimo generalizado, desconocido hasta ahora por estos lares.
Enumerar uno a uno los escándalos que nos envuelven en la última década no tiene ahora demasiado sentido porque lo que se impone, al margen de ocuparse de que paguen los responsables, es encontrar soluciones que vuelvan a dotarnos de la normalidad democrática que permita velar por los intereses de la gran mayoría de los españoles.



En este sentido, cada día que pasa se atisba en el horizonte que la salida del pozo no está, desde luego, en la celebración de nuevas elecciones, ni en la continuidad del equipo y las políticas de Mariano Rajoy que, en gran medida, han conducido a España al lugar en donde estamos. En la mayoría de los países europeos de nuestro entorno la gestión realizada por los populares hubieran llevado hace tiempo a conjugar el verbo dimisión.
En consecuencia, la única posibilidad que aparece en el frente es la formación de un Gobierno de progreso que permita la profunda renovación que precisa la actual estructura política y el mantenimiento de nuestro depauperado estado de bienestar.

Para ello, se hace menester un liderazgo fuerte, apoyado por una organización unida y con la intención y capacidad de sentarse en una mesa para poner todas las cuestiones sobre la mesa, por muy espinosas que estas sean. No se me ocurre otro nombre que el de Pedro Sánchez, a pesar de las zancadillas que le tienden desde sus mismas filas, para emprender el difícil camino al que deben sumarse todas las demás fuerzas que se califiquen de progresistas, con la voluntad de llegar a un consenso en los ejes fundamentales de las políticas del que sería nuevo Ejecutivo, aparcando para un futuro cercano las diferencias que hasta la fecha parecen insalvables. Está en juego el futuro de todos.