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miércoles, 6 de junio de 2018

España abre el tiempo del cambio


Después de unas jornadas de trepidante actividad informativa, que comenzó con la victoria de la moción de censura de Pedro Sánchez, la caída, impensable hace pocos días, de Mariano Rajoy, la formación del nuevo Gobierno de España y, por qué no decirlo, la designación de la periodista Soledad Gallego-Diaz, al frente de la cabecera del emblemático diario El País, se antojaba una especial y óptima configuración de las estrellas, ha comenzado, sin remedio, el tiempo del cambio.

No hay que olvidar y siempre recordar, que el nuevo escenario político que se abre ante la ciudadanía, se debe al acuerdo de un conglomerado de fuerzas políticas, ocho en total, cada una de su padre y de su madre, que coincidieron en la necesidad de terminar con una etapa de la democracia española que había llegado al límite.

Pedro Sánchez promete su cargo en La Zarzuela.
La primera sentencia del caso Gürtel, solo fue la espoleta que provocó la explosión de una situación en la que además de imperar la corrupción, estaba dañada por el fuerte retroceso en derechos y libertades elementales y por una larga serie de políticas que tenían sumido al país en umbrales de pobreza, desigualdad y precariedad que no se recordaban desde los tiempos de la postguerra española.

Esas fueron las razones legítimas para que 180, más de la mayoría absoluta necesaria, de los 350 diputados que componen el Congreso, que representan, según el número de votos de las últimas elecciones generales del 26 de junio de 2016, la voluntad de más de 12 millones de electores, frente a los 11 millones que respaldaron al Partido Popular y Ciudadanos, contrarios a la moción de censura, decidieran abrir la puerta al necesario tiempo del cambio.

Es cuestión baladí afirmar que los tiempos que se avecinan no serán fáciles, creo que nadie ha dicho que lo vayan a ser, pero lo que sí parece claro, es que se dan las condiciones necesarias para que el fruto del esfuerzo colectivo se convierta en una fuerza transformadora que cambie el erróneo rumbo que llevaba España. Además, se contará con la herramienta esencial que supone el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, que en mi humilde opinión es el que posee más brillo propio desde la vuelta a la democracia.

En el camino que ahora emprendemos será esencial mantener la generosidad política que alumbró la moción de censura así como la conjura para mutar los daños que la derechona de siempre ha infligido a la gran mayoría de los ciudadanos. También es esencial, en el período provisional que se abre, mostrar la voluntad de resolver la terrible herida abierta a causa de la llamada cuestión catalana.
Es menester atender las clamorosas demandas sociales, al tiempo que encauzar las reformas estructurales, que por culpa de la acción de la derecha y también, de las circunstancias políticas, han hecho que España vaya con mucho retraso en la senda del progreso y el desarrollo, en relación a los países del entorno europeo.

Se ha hablado mucho estos días del ejemplo de Portugal, un modelo a seguir, en cuanto a la adaptación a sus necesidades y no a las crueles exigencias de Bruselas y del FMI. Portugal ha demostrado que otra forma de hacer política es posible, sin dejar de cumplir los compromisos adquiridos con la Unión Europea y los acreedores.

El timón de la nave le corresponde en esencia al flamante presidente Pedro Sánchez, que en su primera intervención pública tras tomar posesión de su cargo ante el Rey, prometió que su Gobierno tendrá como objetivo “escuchar, dialogar y anteponer siempre el consenso a la crispación” en la política española e internacional.

Una fórmula, que a tenor de las primeras declaraciones del resto de las fuerzas políticas que apoyaron la moción de censura, parecen ser el denominador común de las acciones que España necesita para volver a creer en un horizonte cargado de esperanza e ilusión.


Vídeo: Acto de toma de posesión de Pedro Sánchez.


sábado, 18 de noviembre de 2017

La izquierda que España necesita

Habría que haber tenido mucha imaginación para, hace tan solo unas cuantas semanas, dibujar el escenario político que hoy ofrece España. La realidad es que los ciudadanos españoles asisten a un espectáculo con un final que presenta una buena dosis de incertidumbre y grandes cantidades de preocupación.

Circulan muchas tesis sobre la mano que prendió la mecha que provocó el estallido de la llamada cuestión catalana. Un asunto que se abordará en estas líneas sólo para decir que la gravísima secesión planteada, no ha sido una aparición mariana, sino el resultado de un proceso de envenenamiento provocado, en gran medida, por la inacción e buena parte de las fuerzas políticas y, especialmente por interés del Partido Popular (PP) de utilizar, de forma reiterada, este asunto como arma electoralista. No hace falta recordar su actuación frente al vigente Estatuto. Y tampoco olvidar que  los hechos citados han puesto en solfa los derechos democráticos esenciales de todos los españoles.

Es el escenario descrito el que ha conseguido tapar los problemas que, según los sondeos más preocupan a los ciudadanos. Empezando por el desempleo, la precariedad laboral, la corrupción generalizada, o las políticas antisociales de la derechona, que han desembocado en los asfixiantes recortes en los derechos y libertades de la gran mayoría. La situación actual también ha puesto en evidencia otra grave consecuencia, un nuevo episodio de la división de la izquierda.

Pedro Sánchez ha demostrado su capacidad de liderazgo en la izquierda.
Es aquí donde hay que retroceder un poco en el tiempo para observar el modélico proceso de regeneración interna que vivió el Partido Socialista (PSOE), con un ejemplar proceso participativo por parte de la militancia y de los simpatizantes, basado en las elecciones primarias, que desembocó en el regreso al poder de Pedro Sánchez, como secretario general de los socialistas.

Un regreso, que se produjo, junto a un proyecto político que contiene, de forma clara y concisa,  todos los ingredientes precisos, para demostrar que la nueva socialdemocracia, que lidera Sánchez, es la única alternativa visible al modelo corrupto y degenerativo del propio sistema democrático que encarna la derecha.

Este argumento se basa en el hecho que señala, a fecha de hoy, la última encuesta conocida. El PSOE se encuentra ya a menos de tres puntos del PP en intención de voto. Por lo que se hace más evidente todavía que el Partido Socialista es la única alternativa clara a las políticas de los populares, apoyadas en Ciudadanos, organización de la que se puede decir que su mayor virtud se encuentra en mirar para otra parte.

Una muestra del liderazgo del PSOE se encuentra en la propuesta que demuestra su voluntad regeneradora y modernizadora de España. La creación, ya en marcha, de la Comisión para la Modernización del Estado Autonómico, que respetando los logros indudables del que algunos llaman el proceso del 78, que sin duda alcanzó las mayores cuotas de progreso y bienestar de la reciente Historia española, debe desembocar en la reforma de la Constitución.

Una reforma que precisará de un amplio consenso parlamentario y que, por supuesto, también deberá  lograr el apoyo de las fuerzas de la izquierda española, como es el caso de Podemos. Quizá, las fechas que vivimos, inmersos en la campaña electoral del 21-D, no son las más propicias para lograr los acuerdos necesarios. Habrá que esperar hasta que finalicen las autonómicas en Catalunya. Pero teniendo claro que la regeneración democrática y de la modernización de la estructura del Estado no admite más demoras.

En este sentido, hay que recordar las recientes palabras del secretario general del PSC, Miquel Iceta, cuando ha dicho que "estamos en tiempo de suma y no de exclusión, sectarismo y división". Esos son los mimbres que hacen falta para construir la izquierda que España necesita hoy más que nunca.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Buscar una salida

Lo que está sucediendo a lo largo y ancho de nuestra piel de toro tiene un responsable principal, la suave lluvia que cae lentamente sobre el territorio empapándolo todo de corrupción, lo que provoca un desánimo generalizado, desconocido hasta ahora por estos lares.
Enumerar uno a uno los escándalos que nos envuelven en la última década no tiene ahora demasiado sentido porque lo que se impone, al margen de ocuparse de que paguen los responsables, es encontrar soluciones que vuelvan a dotarnos de la normalidad democrática que permita velar por los intereses de la gran mayoría de los españoles.



En este sentido, cada día que pasa se atisba en el horizonte que la salida del pozo no está, desde luego, en la celebración de nuevas elecciones, ni en la continuidad del equipo y las políticas de Mariano Rajoy que, en gran medida, han conducido a España al lugar en donde estamos. En la mayoría de los países europeos de nuestro entorno la gestión realizada por los populares hubieran llevado hace tiempo a conjugar el verbo dimisión.
En consecuencia, la única posibilidad que aparece en el frente es la formación de un Gobierno de progreso que permita la profunda renovación que precisa la actual estructura política y el mantenimiento de nuestro depauperado estado de bienestar.

Para ello, se hace menester un liderazgo fuerte, apoyado por una organización unida y con la intención y capacidad de sentarse en una mesa para poner todas las cuestiones sobre la mesa, por muy espinosas que estas sean. No se me ocurre otro nombre que el de Pedro Sánchez, a pesar de las zancadillas que le tienden desde sus mismas filas, para emprender el difícil camino al que deben sumarse todas las demás fuerzas que se califiquen de progresistas, con la voluntad de llegar a un consenso en los ejes fundamentales de las políticas del que sería nuevo Ejecutivo, aparcando para un futuro cercano las diferencias que hasta la fecha parecen insalvables. Está en juego el futuro de todos.