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jueves, 16 de abril de 2020

La censura en tiempos de coronavirus


Son ya decenas de organizaciones internacionales, como es el caso de Reporteros Sin Fronteras, las que afirman que la libertad de expresión es ya víctima del coronavirus, al tiempo que aseguran, que por el contario, en este momento es cuando la información es más necesaria que nunca. También parece existir unanimidad en que con la intención de proteger a los ciudadanos, en algunos países, se están recortando derechos, que luego serán difíciles de restaurar.

Rueda de prensa en el Palacio de La Moncloa.
La citada ONG, Reporteros Sin Fronteras acaba de lanzar la aplicación Tracker-19, que consiste en un observatorio online para “evaluar el impacto de la pandemia en el periodismo” y documentar, allí donde se produzca, la “censura estatal y la desinformación deliberada, así como su impacto en el derecho a una información y noticias fiables”.

Por otra parte, ante los ciudadanos que hacen la ola al gigante chino por su gestión de la crisis del COVID-19, Amnistía Internacional denuncia y recuerda que el Gobierno del gigante asiático, con el pretexto de salvaguardad la seguridad del Estado decidió no solo no comunicar el brote de la enfermedad, sino que castigó a quienes hablaban de ella o alertaban de la existencia de la pandemia.

Unas decisiones que no solo violaron el derecho a la libertad de expresión sino que, al ocultar la enfermedad y no tomar las medidas necesarias a tiempo, facilitó el peor de los escenarios posibles poniendo en grave riesgo el derecho a la salud de millones de personas dentro y fuera de China.

Amnistía Internacional también advierte, en referencia al caso de China, que la censura sobre la información se mantiene intimidando y acosando a los activistas que tratan de difundir información, o expulsando del país a periodistas extranjeros, lo que a su vez favorece el crecimiento de noticias falsas, así como el rechazo a las personas de la provincia de Hubei, foco de la epidemia, dentro del propio país. No disponer de una información fiable y completa hace que la población no pueda colaborar eficazmente en una situación de alto riesgo real., asegura la prestigiosa entidad internacional.

En España, la caja de los truenos la ha abierto la publicación de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que entre sus preguntas ha colado la de interrogar a los españoles sobre la posibilidad de aplicar la censura en los medios de comunicación durante la crisis del COVID-19. “¿Cree Ud. que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?”.

La Federación de Asociaciones de la Prensa (FAPE) ha rechazado de inmediato la alternativa que propone la pregunta, o circulación libre de bulos o control de la información por el gobierno. Ni una cosa ni la otra dice la FAPE, que mantiene que las organizaciones profesionales están en contra de que se impongan límites a la libertad de expresión más allá de los que ya están establecidos por la ley y por el código deontológico de la profesión.

Un argumento, que a su vez, que ha sido recogido por los partidos de la oposición de la derecha para tratar de arrear, una vez más, al Gobierno, acusándolo de pretender limitar la libertad de expresión

El debate está abierto y aconseja a mantenerse atentos a la posibilidad de que se ponga en peligro un derecho fundamental consagrado en la Declaración Universal de los Derechos humanos.

Mientras tanto, los ciudadanos están confinados en sus casas sin poder moverse libremente, los gobiernos declaran estados de emergencia sin debate previo amparándose en la urgencia de la toma de decisiones, y países que antes exigían enormes garantías de privacidad a las plataformas digitales y que ahora se plantean la vigilancia ciudadana mediante la tecnología.

martes, 3 de julio de 2018

Hay que derogar ya la ley mordaza


La Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana (LOSC), conocida como ley mordaza, acaba de cumplir tres años de su entrada en vigor. Desde su promulgación se han impuesto, nada menos, que 44.000 sanciones por faltas de respeto a las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Según un informe de Amnistía Internacional hecho público el pasado viernes 29 de junio, de las cerca de 19.500 multas impuestas en 2016 por la aplicación del artículo 37.4 de la ley, referido a las “faltas de respeto o consideración cuyo destinatario sea un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el ejercicio de sus funciones de protección de la seguridad”, se pasó a 20.700 multas en 2017 y a 4.361 solo durante el primer trimestre de 2018.

Según el mismo informe, la reforma del Código Penal supuso un aumento más que significativo de las condenas por enaltecimiento del terrorismo o humillación a las víctimas. En total, entre 2015 y 2017 se han condenado a 84 personas en aplicación del artículo 578 del Código Penal, frente a las 23 condenadas entre 2011 y 2013. Al tiempo, que se incrementa la discrecionalidad de las actuaciones policiales lo que, sin duda, provoca “indefensión ante la dificultad para oponerse a la versión policial una vez ha sido tramitada la denuncia”.

Amnistía Internacional también denuncia que la legislación todavía vigente ha producido un mayor “señalamiento, persecución y criminalización de activistas, periodistas y movimientos ciudadanos que llevan a cabo acciones de protesta de naturaleza pacífica”.

El balance de la aplicación de la ley mordaza es escandaloso.
Se puede constatar en la realidad del día a día, que tanto la ley mordaza, como la última reforma del Código Penal, están sirviendo para procesar penalmente, o sancionar por vía administrativa, a usuarios de redes sociales, artistas, raperos, activistas sociales o periodistas por expresiones que se encuentran comprendidas dentro de los derechos a la libertad de expresión e información, reconocidos en la Constitución Española.

Todos los medios de información progresistas, se han hecho eco estos días del triste aniversario, de la consolidación del deterioro de la libertad de información, expresión, al tiempo que han clamado para que se lleve a la práctica la exigencia de Amnistía Internacional de que en el debate, que se debe abrir sin demora, sobre la reforma de la ley mordaza, se tenga en consideración la revisión en profundidad de la legislación, para eliminar aquellas disposiciones que puedan limitar o interferir de manera desproporcionada en el ejercicio de derechos humanos como la libertad de reunión, expresión e información.
Está claro que el PSOE no puede ser tibio en esta materia, ni tampoco en la elaboración de la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal. Eliminar contenidos de internet sin pasar por el juez es CENSURA 
De otra parte, hay que tratar de garantizar que todas las personas puedan acceder a los  recursos adecuados, efectivos y rápidos, cuando por la actuación de terceros, o de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, consideren vulnerados sus derechos de reunión pacífica, expresión e información.

El cambio inesperado de Gobierno abrió una puerta a la esperanza. Aunque a decir verdad, no todos son muy optimistas al respecto. El pasado 25 de junio, a instancias del Ejecutivo, el grupo parlamentario Socialista anunciaba que había entablado conversaciones con otros grupos para poner en marcha el compromiso de Pedro Sánchez, en su discurso de investidura, de llevar a cabo de forma urgente una reforma en profundidad de las materias aquí expuestas.

Al margen de las dificultades jurídicas que entraña la existencia en tramitación en el Congreso de los Diputados de dos proposiciones de ley sobre la materia, una del PSOE y otra del PNV que según fuentes de las citadas negociaciones, será la que prevalecerá, también hay que tener en cuenta la posición de Podemos, donde son partidarios de elaborar una nueva ley de seguridad ciudadana desde cero. Por otro lado, habrá que estar pendientes de la resolución de los recursos presentados, tanto por el PSOE, como otros grupos, ante el Tribunal Constitucional sobre la ley mordaza del Partido Popular.

Está más claro que el agua que en esta coyuntura el PSOE no puede ser tibio en esta delicada materia, ni tampoco en la elaboración de la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal. Para mí, lego en la materia, eliminar contenidos de internet sin pasar por el juez es CENSURA.

Como bien señalaba en su cuenta de Twitter el bufet Almeida, experto en estas lides, “comprendemos que no tiene una mayoría estable, comprendemos que las vacaciones parlamentarias complican la tramitación, pero no comprenderemos que mantenga en vigor la #LeyMordaza”.