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miércoles, 31 de octubre de 2018

La señora Cospedal y Pablito


No voy a entrar en la espinosa cuestión de la procedencia, ni las intenciones de los autores de las filtraciones de las conversaciones de María Dolores de Cospedal, su señor esposo y el comisario José Manuel Villarejo. En todo caso no huele muy bien. Apesta a cloaca.

Pero me quiero detener en las acciones, son hechos objetivos y probados, confirmados por las grabaciones, que demuestran que Cospedal no tuvo ningún remilgo en utilizar cualquier medio, legal o ilegal, para tratar de salvar la línea de flotación del Partido Popular, tocada desde hace un buen puñado de años por la corrupción sistémica en la organización.

Dirigentes del Partido Popular.
Coincido con la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, cuando ha dicho esta misma mañana que Dolores de Cospedal, que siempre me pareció que tiene cara de estar oliendo una cagarruta, intentó pagar, o pagó (no hay pruebas todavía) para intentar obstruir el camino de la Justicia.

Aunque lo realmente importante, en el momento político por el que atraviesa ahora mismo el Partido Popular es que la herencia que ha recibido Pablo Casado está metida hasta las trancas en el asqueroso océano de la corrupción y parece que no tendrá capacidad para salir de esos lodos.

Las propuestas, muchas con tufo ultraderechista, de Pablo Casado, son una estrategia equivocada para tratar de hacerse con toda la clientela de la derechona más rancia de España, que no le darán resultado, sino consigue zafarse de la etiqueta de la corrupción. Se ha dicho muchas veces que el Partido Popular es el más corrupto de toda Europa.

Razón por la que doña Cospe le ha hecho un flaco favor al pupilo de doña Espe, a Pablito, por prestarle su apoyo para encumbrarle a la presidencia del Partido Popular. Ahora, a toro pasado, se antoja que fue un regalo envenenado que el presidente de los populares no parece ser capaz de tragar.

Y es que la única vía para sacar a la derecha del atolladero pasa por su regeneración completa, de los pies a la cabeza, limpiando su estructura a fondo y tratar de llevar las riendas a una refundación, que creo que es lo que pretendía Soraya Sáenz de Santamaría, que en este momento puede ser, o algo así, como la reserva de occidente de los valores de la derecha moderna, abierta y dialogante, por muy derecha que sea.

Por lo que, a la espera de nuevas revelaciones de las cloacas y de las esperadas explicaciones de Pablo Casado, el horizonte del Partido Popular parece ser algo más que borrascoso, sobre todo porque las próximas elecciones andaluzas suenan a batacazo para el PP. Son las cosas de la vida política, al final, las circunstancias van a terminar haciendo bueno a Mariano Rajoy. Vivir para ver.


sábado, 29 de septiembre de 2018

De la política y de las cloacas


Desde que la mayoría parlamentaria, que unió a la totalidad de las fuerzas de la izquierda de la Cámara Baja, desalojó mediante la moción de censura al Gobierno de Mariano Rajoy, pringado por la corrupción hasta los tuétanos, la derechona de toda la vida ha tratado de convertir el noble oficio de la política en un cenagal, en el que todo vale para tratar de revertir una situación, para ellos completamente inesperada.

El triunfo de la moción de censura supuso para una gran mayoría de los ciudadanos, no lo digo yo, lo reflejan claramente las encuestas de opinión pública, la apertura de una puerta a la esperanza y a la posibilidad de demostrar que otra forma de gobernar, distinta a la encarnada por el Partido Popular, era posible.
Albert Rivera y Pablo Casado.
Nadie dijo que el camino hacia el futuro iba a ser fácil. Desde el minuto uno los populares, en alianza con sus primos hermanos de Ciudadanos, y con el apoyo de los poderes reaccionarios, se pusieron a la tarea de impedir que la ciudadanía visualizara las medidas de progreso que el Gobierno de Pedro Sánchez, con el apoyo de sus compañeros de viaje, empezó a adoptar de inmediato, para tratar de revertir las políticas austericidas impuestas por el PP durante el tiempo de su mayoría absoluta.

No hace falta recordar aquí, lo que hicieron con las pensiones, los derechos laborales, la sanidad o la educación y como pisotearon los más elementales derechos democráticos, como la libertad de expresión y manifestación, atados y comprimidos con la llamada ley mordaza. Al tiempo que trataban de imponer a la mayoría social principios rancios y trasnochados con un claro tufo a naftalina.

Para llevar a cabo sus propósitos, las nuevas caras de la derechona, Pablo Casado y Albert Rivera, están utilizando la vieja estrategia del ruido que trata de agitar hasta los árboles para impedir que se vea el bosque. El lema de su inusitada campaña es el ‘todo vale’, renunciando no solo a la ideología, de la que carecen, sino también echando mano de patrañas, palabras huecas y, como ha quedado demostrado, haciendo uso de las llamadas cloacas del Estado.

Un ejemplo muy claro, lo tenemos en la actitud frente a la llamada cuestión catalana. Aquí los gemelos Rivera y Casado, tienen claro que cuanto peor, mejor. Ellos no quieren el diálogo que los demás propugnan. Ellos apuestan por la confrontación sin límites para ensuciar e imposibilitar la difícil solución que otros promueven y la mayoría anhela.

Lo hemos visto claro también con el proyectado traslado de los restos del dictador del Valle de los Caídos. Se retrataron haciendo ruido y alineándose con posiciones propias de los fascistas europeos para enrarecer aún más el ambiente. Lo mismo que han hecho para poner fin a la vergonzosa situación en la RTVE, denunciada desde el mismísimo Consejo de Europa.

Pero como ven que toda su batería de metralla contra otra forma de hacer política, por supuesto que con aciertos y errores, no era suficiente para tumbar todo lo que supone el nuevo tiempo emprendido hace escasos seis meses, han recurrido al uso indecente de la información en poder de las cloacas del Estado.

A Casado y Rivera no les duelen prendas. Hay que terminar con el Gobierno socialista y sus apoyos parlamentarios. Para ello bucean entre la porquería y buscan el desgaste del presidente del Gobierno y de sus ministros en todos los terrenos, incluido el personal.

A fecha de hoy todavía no he escuchado ninguna propuesta clara y concisa en positivo de la derechona de siempre. Solo críticas sin razones y consignas destinadas a tratar de movilizar a su clientela. Estoy convencido de que no van a conseguir sus objetivos. Hasta los ciudadanos partidarios de los muy respetables principios de la derecha, no ven con buenos ojos las acciones de sus presuntos líderes. Las encuestas también han hablado en este sentido y vaticinan un vuelco electoral en las próximas citas con lar urnas.

Por lo que solicito a los ciudadanos de bien que hagan caso omiso a los que quieren impedir el progreso de España y apuesten por un país mejor para todos en el que desaparezcan, de una vez, los privilegios de unos pocos.