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domingo, 13 de abril de 2025

El sueño de la República

 

RAMÓN TRIVIÑO

Cada víspera del 14 de abril no dejo de acordarme de mi tío Tomás que siempre decía que no quería morirse sin ver proclamada la III República Española, un sueño que no vio cumplido y que a mi me gustaría vivir.


Eibar fue el primer municipio donde se proclamó la República.


A lo largo de los últimos años, diferentes encuestas han mostrado que en España hay un debate abierto sobre la monarquía y la posibilidad de una república, pero no hay un consenso claro o mayoritario en una dirección u otra. Algunas encuestas señalan que entre un 40 y un 50 por ciento de los españoles preferirían una república si se les diera a elegir, mientras que el otro porcentaje se inclina por mantener la monarquía.

El apoyo a la república es más alto entre los jóvenes y en ciertas comunidades como Cataluña, País Vasco y Madrid. La preferencia por la monarquía tiende a ser más alta en personas mayores, sectores conservadores y algunas comunidades más tradicionalistas. Hay sectores políticos y sociales, especialmente en la izquierda y en movimientos republicanos, que abogan por un cambio hacia una república. Este debate se ha intensificado en los últimos años debido a las controversias relacionadas con la familia real.

El desconocimiento impuesto de los avances obtenidos durante la II República que fue un periodo rico en avances democráticos y derechos sociales, dificulta la apertura de un nuevo proceso constituyente. Por ejemplo, se consolidó el voto femenino (aprobado en 1931 y ejercido por primera vez en 1933), un hito en la historia de España. Se limitó el poder de la Iglesia católica en la política y la educación, secularizando instituciones; la República mejoró las condiciones de los trabajadores, con la jornada de 8 horas y el impulso de los sindicatos, además, con el objetivo de promover la educación pública y laica, se apostó por la construcción de escuelas y la formación de maestros, reduciendo el analfabetismo. También se elaboraron los estatutos de autonomía para Cataluña (1932) y se avanzó en el del País Vasco (aprobado en 1936), abordando soluciones para las históricas reivindicaciones de los distintos territorios. También se intentó reformar el ejército para someterlo al poder civil, se impulsaron los jurados mixtos y las mujeres obtuvieron derechos civiles sin precedentes, como el divorcio (1932) y acceso a cargos públicos.

Pero, por qué se desconocen esas virtudes de la República. La dictadura franquista borró de la memoria oficial los avances republicanos, asociándolos con el caos; la supuesta modélica Transición priorizó la reconciliación, evitando reabrir debates sobre la República y añadiendo que la polarización política actual ha llevado a que algunos sectores idealicen o demonicen este periodo sin matices.

Podemos, Izquierda Unida, ERC, Sumar y otros partidos de izquierda o independentistas son abiertamente republicanos. El PSOE suele mantener una posición ambigua, oficialmente monárquico constitucional, pero con bases republicanas. Mientras que PP, Vox defienden la monarquía como garante de la unidad y estabilidad institucional.

En cualquier caso, las encuestas más recientes señalan que, a pesar de las diferencias en las preferencias, existe un consenso notable sobre la necesidad de decidir el modelo de Estado mediante un referéndum, una reivindicación que no se cumplirá sola y que necesita el impulso del activismo.

jueves, 30 de mayo de 2019

La izquierda sí tiene quien le escriba


Tras los interminables días de las sucesivas campañas electorales ya tenemos en la mano los resultados. Y hay un hecho inapelable, el PSOE ha ganado las elecciones generales, las europeas y en un gran número de comunidades autónomas y ayuntamientos.

Razón por la que, sin duda, el partido que encabeza Pedro Sánchez, se ha ganado el derecho a escribir la historia política de los próximos años, así como el Partido Popular a interpretar el papel asignado a la oposición, a pesar de su desastre, ya que los de Rivera no han conseguido aventajarles y aunque el nuevo escenario político les atribuya en algunos casos un papel determinante.

Las urnas han determinad que el PSOE es el triunfador en las elecciones.
La dirección del PSOE está en la obligación de hacer lo que prometió en su campaña, unas políticas de recuperación de derechos y libertades, de igualdad y de solidaridad. Es decir, unas políticas de progreso similares a las que demanda Unidas Podemos, aunque para ello, en mi opinión, no sea necesario ir a la fórmula de un Gobierno de coalición, ya que hay otras muchas maneras de obtener una mayoría consolidada en el Congreso de los Diputados.

En este mismo sentido, ante el endiablado panorama político que se presenta en algunos ayuntamientos y comunidades autónomas, tengo la convicción que la dirección socialista está en la obligación de mover ficha y jugar un papel decisivo en las negociaciones que están sobre la mesa.

Todavía resuenan los gritos de la militancia del PSOE en Ferraz la noche del 28-A, “con Rivera no”, una petición que comparto de cara a la composición del futuro gabinete de Sánchez, pero que no puede ser un dogma en las negociaciones de municipios y comunidades, ya que ahí están en juego muchas cosas importantes y que con los trifachitos supondrían todo un retroceso.

Me refiero, por ejemplo a Madrid. Ni el PSOE, ni Más Madrid, ni Podemos, pueden negarse a tratar de evitar que siga mejorando aquí la gestión, la sanidad, las políticas medio ambientales, el transporte público y un largo etcétera. Las formaciones citadas están en la obligación de llegar hasta el borde del precipicio para evitar el desastre.

Y es ahora cuando entra en juego la necesaria concurrencia de Ciudadanos para evitar el desastre y también la caída al vacío que supondría la inclusión de los seguidores de Rivera en gobiernos similares a los que ya sufren los andaluces. Tengo la convicción de que una buena negociación, que no un mercadeo, puede ser la única solución.

Una solución que estoy seguro de que está en las cabezas de la gobernanza socialista que, además dispone de los elementos precisos para mover con firmeza y soltura los hilos de la negociación. Son conscientes de que vivimos momentos históricos y decisivos, como se demostró el que ya parece lejano 28-A, en el que se volvió a mostrar con meridiana claridad la voluntad mayoritaria del conjunto de los ciudadanos.

Por eso creo que la izquierda en su conjunto tiene la obligación ahora de escribir la Historia y dejar de lado, es una demanda necesaria, las diferencias, en muchas ocasiones pueriles, que expresan ante la opinión pública y que siembran el desánimo entre los ciudadanos de progreso, que desean bienestar, libertad y, si es posible, felicidad. No es una utopía.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Un año que pasará a la Historia


El año que acaba, 2018, será un período que pasará a los libros de Historia, por los acontecimientos políticos y sociales de gran relevancia que, entre otras cosas, han dado la vuelta como un calcetín al escenario del Estado español.

La moción de censura contra el Gobierno de España, presidido por Mariano Rajoy, debatida entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 2018, registrada por el Grupo Socialista el 25 de mayo, después de que la Audiencia Nacional sentenciara que el Partido Popular (PP) se había beneficiado del esquema de sobornos ilegales a través de los contratos del caso Gürtel,  suponían la confirmación por los tribunales, en primera instancia, de la existencia de una estructura de contabilidad y financiación ilegal que se desarrolló en paralelo con la oficial desde el momento de la fundación del partido en 1989.

La revolución feminista ha sido uno de
los hechos más relevantes de 2018.
Como se recordará, la referida sentencia, fue la espoleta que hizo reaccionar a la mayoría de los diputados del Congreso, que unieron sus fuerzas, para apear de su poltrona a Mariano Rajoy y llevar a La Moncloa, de forma inesperada, al socialista Pedro Sánchez, que se convertía en el séptimo presidente del Gobierno de la democracia. El cambio de postura, a última hora, del PNV, sumaba más de los 176 votos necesarios, que se unían a los del PSOE, Podemos, ERC, PDDECat, Compromís, Bildu y Nueva Canarias.

Se inauguraba a partir de ese primero de junio un tiempo a la esperanza, que se va abriendo paso con muchas dificultades, pero que ponía fin a uno de los períodos más oscuros de la democracia española, en la que se produjo un grave retroceso en materia de derechos sociales y libertades, al tiempo que se ponía en evidencia la descomposición provocada por una corrupción sistémica que lo infectaba todo. Hay que recordar aquí las derivas de los casos Cifuentes, Lezo o Púnica, todavía pendientes de resoluciones judiciales.

Pero no sólo la revolución llegó al ámbito de la política, era la que primera vez el Ejecutivo estaba compuesto por más mujeres que hombres, o que de forma inédita el diario El País entregaba su dirección a una mujer. Dos hechos surgidos tras la masiva huelga y protestas del 8-M, sin precedentes en el país. Una "revolución feminista" que aunque comenzó hace algunos años en España, se consolidó y logró su mayor visibilidad el pasado 8 de marzo en la celebración del Día Internacional de la Mujer. Aquella jornada miles de personas en todo el país salieron a las calles, se ausentaron en sus trabajos, interrumpieron avenidas, y obligaron a detener medios de transporte para protestar contra la discriminación de género en el trabajo, la desigualdad salarial y la violencia contra la mujer.

Pero finaliza el año con un panorama no tan halagüeño. Tras la debacle en las filas populares y la radicalización de Ciudadanos hacia la derecha, llegó la renovación en el Partido Popular, de la mano de todo un personaje, Pablo Casado, que con sus mensajes ha pasado por la derecha al mismísimo Mariano Rajoy, lo que unido a la irrupción de Vox en las autonómicas andaluzas, vienen a demostrar que la izquierda necesita unidad y movilización.

Con la formación, todavía pendiente, del nuevo Gobierno andaluz, surgen motivos para la preocupación ante la posibilidad de que los cambios vividos por la sociedad española en el último año puedan llegar a ser reversibles.

En esta situación no ayuda la otra gran cuestión que ha protagonizado los últimos 365 días. Se trata de la cuestión catalana, cuya lejana solución  parece avanzar levemente en los últimos días tras el encuentro entre representantes del Gobierno de España y la Generalitat de Catalunya, asunto que, según los estudios sociológicos, también pesa en la derechización de una parte del conjunto del electorado.

Parece evidente que nos adentramos en un nuevo año cargado de incertidumbres para el que, en mi opinión, vuelvo a repetir, es necesaria la recuperación del espíritu que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno y al desarrollo, sin complejos, de unas auténticas políticas de progreso, que garanticen el bienestar de la gran mayoría de los ciudadanos.

sábado, 29 de septiembre de 2018

De la política y de las cloacas


Desde que la mayoría parlamentaria, que unió a la totalidad de las fuerzas de la izquierda de la Cámara Baja, desalojó mediante la moción de censura al Gobierno de Mariano Rajoy, pringado por la corrupción hasta los tuétanos, la derechona de toda la vida ha tratado de convertir el noble oficio de la política en un cenagal, en el que todo vale para tratar de revertir una situación, para ellos completamente inesperada.

El triunfo de la moción de censura supuso para una gran mayoría de los ciudadanos, no lo digo yo, lo reflejan claramente las encuestas de opinión pública, la apertura de una puerta a la esperanza y a la posibilidad de demostrar que otra forma de gobernar, distinta a la encarnada por el Partido Popular, era posible.
Albert Rivera y Pablo Casado.
Nadie dijo que el camino hacia el futuro iba a ser fácil. Desde el minuto uno los populares, en alianza con sus primos hermanos de Ciudadanos, y con el apoyo de los poderes reaccionarios, se pusieron a la tarea de impedir que la ciudadanía visualizara las medidas de progreso que el Gobierno de Pedro Sánchez, con el apoyo de sus compañeros de viaje, empezó a adoptar de inmediato, para tratar de revertir las políticas austericidas impuestas por el PP durante el tiempo de su mayoría absoluta.

No hace falta recordar aquí, lo que hicieron con las pensiones, los derechos laborales, la sanidad o la educación y como pisotearon los más elementales derechos democráticos, como la libertad de expresión y manifestación, atados y comprimidos con la llamada ley mordaza. Al tiempo que trataban de imponer a la mayoría social principios rancios y trasnochados con un claro tufo a naftalina.

Para llevar a cabo sus propósitos, las nuevas caras de la derechona, Pablo Casado y Albert Rivera, están utilizando la vieja estrategia del ruido que trata de agitar hasta los árboles para impedir que se vea el bosque. El lema de su inusitada campaña es el ‘todo vale’, renunciando no solo a la ideología, de la que carecen, sino también echando mano de patrañas, palabras huecas y, como ha quedado demostrado, haciendo uso de las llamadas cloacas del Estado.

Un ejemplo muy claro, lo tenemos en la actitud frente a la llamada cuestión catalana. Aquí los gemelos Rivera y Casado, tienen claro que cuanto peor, mejor. Ellos no quieren el diálogo que los demás propugnan. Ellos apuestan por la confrontación sin límites para ensuciar e imposibilitar la difícil solución que otros promueven y la mayoría anhela.

Lo hemos visto claro también con el proyectado traslado de los restos del dictador del Valle de los Caídos. Se retrataron haciendo ruido y alineándose con posiciones propias de los fascistas europeos para enrarecer aún más el ambiente. Lo mismo que han hecho para poner fin a la vergonzosa situación en la RTVE, denunciada desde el mismísimo Consejo de Europa.

Pero como ven que toda su batería de metralla contra otra forma de hacer política, por supuesto que con aciertos y errores, no era suficiente para tumbar todo lo que supone el nuevo tiempo emprendido hace escasos seis meses, han recurrido al uso indecente de la información en poder de las cloacas del Estado.

A Casado y Rivera no les duelen prendas. Hay que terminar con el Gobierno socialista y sus apoyos parlamentarios. Para ello bucean entre la porquería y buscan el desgaste del presidente del Gobierno y de sus ministros en todos los terrenos, incluido el personal.

A fecha de hoy todavía no he escuchado ninguna propuesta clara y concisa en positivo de la derechona de siempre. Solo críticas sin razones y consignas destinadas a tratar de movilizar a su clientela. Estoy convencido de que no van a conseguir sus objetivos. Hasta los ciudadanos partidarios de los muy respetables principios de la derecha, no ven con buenos ojos las acciones de sus presuntos líderes. Las encuestas también han hablado en este sentido y vaticinan un vuelco electoral en las próximas citas con lar urnas.

Por lo que solicito a los ciudadanos de bien que hagan caso omiso a los que quieren impedir el progreso de España y apuesten por un país mejor para todos en el que desaparezcan, de una vez, los privilegios de unos pocos.

miércoles, 6 de junio de 2018

España abre el tiempo del cambio


Después de unas jornadas de trepidante actividad informativa, que comenzó con la victoria de la moción de censura de Pedro Sánchez, la caída, impensable hace pocos días, de Mariano Rajoy, la formación del nuevo Gobierno de España y, por qué no decirlo, la designación de la periodista Soledad Gallego-Diaz, al frente de la cabecera del emblemático diario El País, se antojaba una especial y óptima configuración de las estrellas, ha comenzado, sin remedio, el tiempo del cambio.

No hay que olvidar y siempre recordar, que el nuevo escenario político que se abre ante la ciudadanía, se debe al acuerdo de un conglomerado de fuerzas políticas, ocho en total, cada una de su padre y de su madre, que coincidieron en la necesidad de terminar con una etapa de la democracia española que había llegado al límite.

Pedro Sánchez promete su cargo en La Zarzuela.
La primera sentencia del caso Gürtel, solo fue la espoleta que provocó la explosión de una situación en la que además de imperar la corrupción, estaba dañada por el fuerte retroceso en derechos y libertades elementales y por una larga serie de políticas que tenían sumido al país en umbrales de pobreza, desigualdad y precariedad que no se recordaban desde los tiempos de la postguerra española.

Esas fueron las razones legítimas para que 180, más de la mayoría absoluta necesaria, de los 350 diputados que componen el Congreso, que representan, según el número de votos de las últimas elecciones generales del 26 de junio de 2016, la voluntad de más de 12 millones de electores, frente a los 11 millones que respaldaron al Partido Popular y Ciudadanos, contrarios a la moción de censura, decidieran abrir la puerta al necesario tiempo del cambio.

Es cuestión baladí afirmar que los tiempos que se avecinan no serán fáciles, creo que nadie ha dicho que lo vayan a ser, pero lo que sí parece claro, es que se dan las condiciones necesarias para que el fruto del esfuerzo colectivo se convierta en una fuerza transformadora que cambie el erróneo rumbo que llevaba España. Además, se contará con la herramienta esencial que supone el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, que en mi humilde opinión es el que posee más brillo propio desde la vuelta a la democracia.

En el camino que ahora emprendemos será esencial mantener la generosidad política que alumbró la moción de censura así como la conjura para mutar los daños que la derechona de siempre ha infligido a la gran mayoría de los ciudadanos. También es esencial, en el período provisional que se abre, mostrar la voluntad de resolver la terrible herida abierta a causa de la llamada cuestión catalana.
Es menester atender las clamorosas demandas sociales, al tiempo que encauzar las reformas estructurales, que por culpa de la acción de la derecha y también, de las circunstancias políticas, han hecho que España vaya con mucho retraso en la senda del progreso y el desarrollo, en relación a los países del entorno europeo.

Se ha hablado mucho estos días del ejemplo de Portugal, un modelo a seguir, en cuanto a la adaptación a sus necesidades y no a las crueles exigencias de Bruselas y del FMI. Portugal ha demostrado que otra forma de hacer política es posible, sin dejar de cumplir los compromisos adquiridos con la Unión Europea y los acreedores.

El timón de la nave le corresponde en esencia al flamante presidente Pedro Sánchez, que en su primera intervención pública tras tomar posesión de su cargo ante el Rey, prometió que su Gobierno tendrá como objetivo “escuchar, dialogar y anteponer siempre el consenso a la crispación” en la política española e internacional.

Una fórmula, que a tenor de las primeras declaraciones del resto de las fuerzas políticas que apoyaron la moción de censura, parecen ser el denominador común de las acciones que España necesita para volver a creer en un horizonte cargado de esperanza e ilusión.


Vídeo: Acto de toma de posesión de Pedro Sánchez.


martes, 31 de enero de 2017

El camino de Pedro Sánchez

Durante unos días de retiro en la Galicia de mis ancestros he tenido tiempo para la reflexión, sobre todo gracias a una interesante publicación, que no cayó en mis manos por casualidad, titulada “Elogio del caminar” (Siruela, 2014), del sociólogo y antropólogo francés David Le Breton, un auténtico libro de culto, que me ha servido para infinidad de cosas, pero sobre todo para repensar la relación de los ciudadanos con el reto que plantea la configuración de la nueva sociedad post industrial, concretamente en lo referente a su ámbito urbano.

En esa tarea me encontraba cuando, a pesar de mi voluntario aislamiento, me llegó la buena nueva de que Pedro Sánchez Castejón acababa de anunciar, en la localidad sevillana de Dos Hermanas, su intención de concurrir, si nadie no lo impide, a las primarias que celebrarán los socialistas en el mes de mayo.
Pedro Sánchez en Dos Hermanas (Sevilla).

La noticia, por deseada, me causó gran alegría, ya que coincido con el profesor Antón Losada, en lo que señalaba en su reciente artículo “Robin Sánchez”,  “el mensaje del aspirante Sánchez no puede sonar más claro y directo. Él es el Robin Hood de los socialistas, el candidato que roba poder a la casta socialista para devolvérselo a los sufridos militantes”.

Una buena nueva que, sin embargo, llegó acompañada de cierta preocupación, ya que es más que probable que Pedro Sánchez deba pelear, además de con el aparato de su propio partido, con los dilatados tiempos que han de discurrir hasta la celebración de las referidas elecciones internas en el PSOE. Aunque por otro lado, me tranquilizaron las palabras de seguridad que pronunció el de nuevo candidato a la secretaría general ante sus allegados, “no está nada escrito”, lo que denota confianza y fuerza.

Además según la información obtenida en medios próximos a Sánchez, consta que el candidato ha tenido tiempo para reflexionar sobre el pasado de cara a perfeccionar su trabajo futuro. Pedro Sánchez empieza a trabajar ya con nuevos cuadros, con savia nueva y con interesantes propuestas innovadoras que van a facilitar la elaboración de un nuevo discurso, que, entre otras cosas, tratará de atraer a su candidatura a una gran cantidad de cuadros medios del PSOE, que no se sienten cómodos, diría que incómodos o huérfanos,  en la actual situación por la que atraviesa el Partido Socialista.

Pedro Sánchez, que sin duda se ha ganado el derecho a ser escuchado, trabaja en lo más importante ahora mismo, el fruto del doloroso proceso que se vive en las filas socialistas, un proyecto político que esencialmente sea capaz, desde la socialdemocracia, de dar respuestas a una sociedad, sobre todo urbana, en cambio permanente, revolucionada por el apasionante mundo de las nuevas tecnologías.
Pero parece claro que el camino emprendido por Pedro Sánchez no va a ser fácil. Ahí están las desaforadas críticas que ocasionó su anuncio de presentarse a las primarias, no sólo de sus adversarios políticos, sino también de algunos medios de comunicación que parecen ligados a la derecha más rancia o a un inaudito populismo.

Destaco el papel jugado por el número dos de Susana Díaz en el PSOE andaluz, el secretario de Organización, Juan Cornejo, que con los nervios perdidos lanzó una terrible diatriba contra Pedro Sánchez, luego hablan del respeto a los compañeros, con palabras cargadas con efecto boomerang, ya que, una vez analizadas, se pueden volver de inmediato contra los mandarines del socialismo andaluz que tienen la extraña virtud de ver siempre la paja en el ojo ajeno y no, la viga, en el propio.

Unas reacciones que en lugar de templar el agitado ambiente, causan más tensiones, a la par de extender el temor de que la Gestora del PSOE y sus adláteres sean capaces de organizar un nuevo golpe de mano para conseguir unos propósitos que cada día se antojan más difíciles.


Por último, queda por despejar la incógnita sobre la decisión que adoptará Susana Díaz. Un paso que complicará el escenario de cualquier manera. Tanto si decide concurrir a la secretaría general, como si opta por quedarse en Andalucía, ya que entonces habría que contemplar sus siempre oscuras maniobras y la dirección de sus apoyos. Tampoco hay que dejar de lado la existencia de una cuarta vía, promovida por un sector joven del PSOE que trabaja en una alternativa a los proyectos del trío de candidatos ya conocidos.

sábado, 15 de octubre de 2016

La cantata de Correa

La polémica, en su grado máximo, está servida. Las redes sociales hierven ante las escenas que se representan en distintos escenarios. De un lado, la disyuntiva de lavar la imagen corrupta del PP, permitiendo la investidura de Mariano Rajoy, o, la que apoyo, optar por un Gobierno de progreso, aunque sea con el riesgo evidente que comporta atravesar el alambre hacia la celebración de unas terceras elecciones. De otro, la escandalera creada en torno a la cantata de Francisco Correa.

Como hoy mismo escribía el compañero Curro Troya “no queréis daros cuenta que Rajoy es parte de los populismos de los que abjuráis”, respondiendo a otro colega, Teodoro León Gross, que planteaba que “hacer gobierno, sobre los votos, es resolver una ecuación mayor”. Dos testimonios de los variopintos argumentos que alegan desde las partes en litigio, que sin duda, vuelven a dividir a la sociedad española en dos partes, aunque en buena lógica parlamentaria, las urnas han demostrado que el progresismo es mayoritario en su seno.
Francisco Correa

Pero lo chocante del momento actual es que todos hablan de la falta de un Gobierno, una situación que según diversos indicadores, no está afectando en casi nada a la gestión cotidiana de lo público, pero sin embargo, un silencio grisáceo se extiende sobre el que quizá sea el mayor escándalo de las últimas décadas, el llamado ‘Caso Gürtel’.
Es más que llamativo que la dirección interina del PSOE, personado en el proceso que juzga la primera parte de la citada trama, esté mirando para otro lado, en vez de, como sería su obligación como partido de oposición, tomar postura frente a las revelaciones, puestas en cuarentena por formar parte de la estrategia de defensa, de Correa, que hacen añicos toda la estructura de mando del Partido Popular.

Aunque es más que evidente hasta donde alcanza la corrupción en el núcleo de la derechona, Rosa Mª Artal dice que hay que despejar la X, los actuales mandarines de los populares se quedan tan panchos diciendo que los hechos se remontan a tiempos pasados, con los que no tienen nada que ver. Eso sí, la cantata de Correa ya ha puesto en solfa a Aznar, Esperanza Aguirre, al actual presidente del Senado, Pío García Escudero, al ínclito Javier Arenas y así casi, de momento, hasta el infinito.

Regresando al principio de lo expuesto, en mi opinión, la gestora del PSOE todavía está a tiempo de evitar el desastre de su histórico partido, no dando su apoyo a la investidura de un Gobierno más que manchado por las tramas de la corrupción y respetando, el que parece ser el sentir mayoritario en sus filas y entre sus votantes, además, en un momento en el que los último sondeos electorales indican una leve recuperación del voto para las siglas del PSOE.

De lo contrario, el PSOE parece inclinarse por el abismo y los españoles abocados a seguir soportando las políticas austericidas que día a día imponen desde la derechona.