La
sentencia del Tribunal Constitucional (TC) hecha
publica el pasado jueves (ver sentencia) no parece que vaya a poner
el punto y final a las dos décadas de pleitos que enfrentan a los
herederos de una parte de la familia Larios, por una herencia
integrada por la empresa matriz Mazacruz, con un patrimonio
estimado en más de 600 millones de euros, que incluye además la
propiedad de la joya de la corona, la Finca de la Dehesa de los
Llanos (Albacete) y, sobre todo la compañía Sociedad
Azucarera Larios, S.L.(SALSA), que agrupa a otro
importante grupo empresarial, presidido, como Mazacruz, por
Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios Altuna, (Carlos Antuna)
actual marqués de Paul, quien podría ver en el aire sus
cargos.
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| Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios Altuna. |
La
larga trayectoria judicial también incluye el pleito en reclamación
de filiación extramatrimonial respecto de José Antonio Larios
Franco, IV marqués de Larios, impulsado por su presunto
hijo, José Collado López, de más de 70 años, que obtuvo
una sentencia desfavorable en marzo de 2012, pero que sería su
heredero legítimo según todas las investigaciones. Un procedimiento
judicial que dio la vuelta al mundo, por el singular papel de su
protagonista ‘Pepe el trompeta’ que siguió empeñado en
reclamar sus derechos hasta que hace muy pocos meses desapareció del
mapa, como si se le hubiera tragado la tierra. La investigación
sospecha, por distintas razones, que alguna mano negra ha comprado su
silencio.
Es
en 1994 cuando se decide aglutinar todo el patrimonio familiar de la
herencia de los Larios en la citada sociedad Mazacruz
S.L., a la que los miembros de la familia aportaron todo el
patrimonio, incluida la fortuna de la madre de Carlos G. Maturana
Larios y Príes, viuda del IV marqués de Larios. Un
proceso legal en el que desempeña un papel importante la consultora
Price Waterhouse. Estamos en diciembre de 1994 y sólo unos
días después Carlos Altuna ya aparece registrado con poderes
en la sociedad.
El
8 de noviembre de 1996 con, presuntamente, el consentimiento del VII
marqués de Paul se lleva a cabo una modificación estatutaria
que reforma el consejo de administración de Mazacruz, que de
estar compuesto por tres miembros –los marqueses de Paul y
Carlos Altuna– pasa a constar de un máximo de cinco, de los
cuales dos deberán ser necesariamente expertos en materia fiscal,
legal o económica. El 21 de marzo de 1997 se había integrado en el
citado órgano de dirección a José Luis Beotas López y a
Félix Gálvez, ambos procedentes de la consultora Price
Waterhouse.
Para
tratar de aclarar el escenario de este periodo de tiempo, hay que
remontarse a junio de 2001, cuando Carlos G. Maturana Larios y
Príes decide apartar a su primogénito de la familia y de la
dirección de sus empresas, episodio en el que le asesoraron dos
reconocidos abogados, Matías Cortés y Ramón Hermosilla.
A lo largo de 2002, Carlos Altuna fue apartado de la familia.
Carlos
G. Maturana Larios y Príes muere en 2004 y la viuda del difunto,
Bárbara Gutiérrez-Maturana Kalachnikof y sus hijas pasaron
a controlar SALSA e integrar el consejo de
administración de Mazacruz, para respetar así la voluntad
del marqués, expresada en su testamento, mientras se dirimía la
batalla legal en los juzgados.
En
el citado testamento, el difunto marqués benefició a sus hijas
Cristina y Bárbara, entregándoles el tercio de mejora,
además de la parte de la legítima que les correspondía. A sus dos
hijos varones, Carlos y José Antonio, se limitó a
entregarles la estricta legítima legal, pero dejó establecido que
se les diera en metálico en aras a la paz familiar. Según este
último testamento, Bárbara madre tenía el 23,6 por ciento
del capital social, sus dos hijas el 49,18 por ciento y Carlos
Altuna el 27,46 por ciento.
El
día 14 de octubre de 2010, casi 6 años después de la muerte del
VII marqués de Paul, Mazacruz celebró una más que
polémica Junta de Socios. A la que asistieron los cuatro
accionistas que se repartían el 100 por ciento del capital, Carlos
Gutiérrez-Maturana-Larios Altuna; su madrastra, Bárbara
Kalachnikof , y sus dos hermanastras Cristina y Bárbara
Gutiérrez-Maturana-Larios Kalachnikof .
En
la Junta General saltó la sorpresa, ya que, contraviniendo la
última voluntad de su padre, Carlos Altuna propone cesar a
las hasta entonces integrantes del consejo y nombrar uno nuevo
formado por él y dos nuevos miembros.
El
paso siguiente era intentar inscribir ese presunto falso acuerdo en
el Registro Mercantil, cuando el 72,54 por ciento del capital
social había votado en contra de la propuesta, mientras el 27,46 por
ciento a favor. El notario, presente en la Junta, dio fe del
resultado de la votación y del rechazo del acuerdo, lo que quedó
reflejado en el acta correspondiente. La presidenta de la Junta
General declaró, en consecuencia, no adoptado el acuerdo.
Sin
embargo, Carlos Altuna y los nuevos socios procedieron a
elaborar presuntamente un documento ad hoc que elevaron a
público ante un notario de su confianza, convirtiéndose en los
nuevos integrantes del consejo de administración de Mazacruz,
S.L.
De
hecho en el Boletín Oficial del Registro Mercantil del 25 de
febrero de 2011 aparecen reflejados los siguientes nombramientos,
Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios Altuna, presidente y
consejero-delegado; José Antonio Gutiérrez-Maturana-Larios
Altuna y Gonzalo de Montis Kramer, consejeros, y Joaquín
González Fernández, como secretario.
Carlos
Altuna intenta inscribir ese presunto falso acuerdo en el
Registro Mercantil y asegura que con la escritura pública del
documento por él creado, junto al acta notarial donde claramente se
especificaba que el acuerdo había sido rechazado, fue presentada a
inscripción ante el registrador Francisco Javier Navia-Osorio
García-Braga, quien se negó en redondo a inscribir tal
pretensión por imposible. Por razones desconocidas el citado notario
cambió de opinión y decidió inscribir el acuerdo. Un acuerdo que
se mantiene a pesar de las reclamaciones de todo tipo realizadas por
las Kalachnikof.
El
24 de junio de 2014, el Juzgado de lo Mercantil nº 10 de Madrid
dictó una sentencia en la que se dictaminó que en la Junta
General del 14 de octubre de 2010 jamás se adoptó el acuerdo de
cese del consejo de administración. El resultado de dicha sentencia
es que Bárbara Kalachnikof y sus hijas Cristina y
Bárbara seguirían siendo consejeras de pleno derecho de
Mazacruz, aunque Carlos Altuna se niega a acatar la
sentencia y mantiene al margen a las tres mujeres en la toma de
cualquier decisión que afecte a la gestión del grupo.
El
conflicto estaba cantado. Las tres mujeres citadas presentaron el 24
de octubre de 2014 un escrito al Registro Mercantil pidiendo
la anulación de la inscripción registral que las mantenía por
cesadas en sus cargos, ello como una mera cuestión de acatamiento de
la sentencia judicial mencionada. Pero como las sorpresas no terminan
nunca cuando de la fortuna Larios se trata, resulta que la
decisión sobre dicho escrito correspondió de nuevo al registrador
Navia-Osorio García-Braga.
Volviendo
al inicio de las polémicas familiares, hay que resaltar que es en el
año 2000, con evidentes señales de que el corazón del VII marqués
de Paul empezaba a debilitarse cuando su hijo le pone a la
firma, como se explica más adelante, el documento para la cesión de
los derechos sobre el 23 por ciento de las participaciones en el
grupo empresarial familiar, que suscribe Carlos G. Maturana
Larios y Príes. Una firma que centraría el litigio sobre si
esa rúbrica se realizó de forma consciente y en plenitud de
facultades.
El
año 2000 es clave para entender todo el proceso posterior. Es
entonces cuando el marqués sufre una crisis cardíaca y es internado
en el hospital Ruber Internacional, de Madrid, donde se
decide estabilizar al enfermo y prepararlo para un urgente traslado a
Houston, donde sería operado a vida o muerte. Según las fuentes
consultadas, es entonces cuando el hijo, Carlos Altuna,
aprovecha la situación extrema del padre para pasarle a la firma, en
la habitación hospitalaria, tres documentos decisivos.
Según
las mismas fuentes, en el primero, el marqués modifica los estatutos
de Mazacruz, de forma que el paquete de acciones, de la número
1 a la 135.252 pasan a valer, cada una, cinco votos. Este paquete,
como figura en el segundo documento, es donado por el marqués a su
hijo Carlos. Con lo cual, Carlos Altuna pasa a tener
más del 61 por ciento de los votos ante la Junta General de
Accionistas. Y, por tanto, la mayoría del grupo para imponer su
única voluntad. El tercer documento firmado asegura que cualquier
propiedad pasada, presente o futura del marqués sea donada a la
sociedad Mazacruz.
Después
de tener los documentos firmados consigue que sean ratificados por la
esposa del marqués y por sus dos hijas. La rúbrica se realiza sobre
el capó del vehículo que las iba a trasladar al aeropuerto de
Barajas junto al entonces marqués de Paul. Pero contra
todo pronóstico, el marqués sobrevive a la operación y vuelve de
Houston con ganas de recuperar el poder. Enterado de lo que
firmó, encarga una auditoría y descubre la deteriorada situación
económica, en ese momento, del grupo Mazacruz., que luego
sería enderezaba por el nombramiento de Juan López Cohard
como consejero-delegado.
El
marqués de Paul intenta entonces, en un primer momento, la
vía de la negociación y oferta a su hijo una pensión vitalicia de
dos millones de pesetas mensuales. Carlos Altuna rechaza el
acuerdo y responde presentando una demanda exigiendo el cumplimiento
de los cambios accionariales firmados por el marqués en la cama del
hospital. Carlos G. Maturana Larios y Príes, ante la
obstinación de su hijo, presenta a su vez una querella criminal por
estafa contra sus dos hijos varones y contra Coro Morales,
presunta cómplice para ocultar la donación y escamotear el acta de
la Junta celebrada sobre el capó del vehículo el 30 de mayo
de 2000.
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| Dehesa de Los Llanos (Albacete) |
Según
las fuentes consultadas, las hojas que acreditaban aquella inusual
Junta General desaparecieron del libro de actas de
Mazacruz. Coro Morales Asúa, entonces secretaria del
consejo de administración de la sociedad, a quien Carlos Altuna
entregó los documentos, dejó constancia de que el acta se había
deteriorado y había tenido que quitarla del libro. El VII marqués
de Paul muere en mayo de 2004.
Un
año después, 2005, la demanda que presentó Carlos G. Maturana
Larios y Príes contra su hijo es sobreseída y, en cambio, el
hijo gana la que interpuso contra su padre. Así se consagra como
tenedor de la mayoría de las acciones del grupo Mazacruz. En
febrero de 2008, la sección segunda de la Audiencia Provincial de
Albacete falló a favor del actual marqués de Paul.
La
sentencia número 23/2008 de 12 de febrero, daba "validez y
eficacia" a la donación hecha por Carlos
Gutiérrez-Maturana-Larios y Príes a su hijo a través del
documento firmado en mayo de 2000 en el que se le cedían las
participaciones número 1 a la 135.252 de la sociedad Mazacruz,
La resolución también daba validez a la declaración de Carlos
Gutiérrez-Maturana-Larios y Altuna como socio de la empresa y
reconocía su derecho a “recibir los frutos, rendimientos y
utilidades” en condición de socio y los dividendos “y parte
correspondiente de las restituciones de aportaciones derivadas de
acuerdos sociales de reducción de capital llevadas a cabo hasta el
16 de diciembre del 2003 (desde el 18 de diciembre del 2002) por
importe de 1.056.785,76 euros”.
El
tribunal también consideró probado que el anterior marqués dio
estas participaciones de forma consciente "y así lo reconoció
en su testamento", aunque la sentencia admite que pudo existir
un arrepentimiento posterior, “ineficaz para hacerla inexistente
(esta donación), puesto que vía testamento la reconoce aunque
pretende su efecto colacionable” y recuerda que “jamás fue
impugnada y sí ratificada vía testamento”.
También
condenaba a la sociedad Mazacruz y a Bárbara
Gutiérrez-Maturana Kalachnikof y sus hijas al pago de
las costas procesales causadas. De esta forma, casi tres años
después, Carlos
Gutiérrez-Maturana-Larios Altuna regresaba a dirigir una
empresa en la que ya fue parte activa.
Concretamente,
el 17 de febrero de 2011 se convertía en el nuevo presidente de
Sociedad Azucarera Larios (Salsa) y sustituía en el
cargo a Bárbara Gutiérrez-Maturana Kalachnikof.
El
25 de febrero de ese mismo año, el Boletín Oficial del Registro
Mercantil publicaba los ceses y revocaciones de poderes, así,
como ya se ha señalado, los nuevos nombramientos del consejo de
administración de las sociedades Dehesa de Los Llanos y
Conservación Mobiliaria, afectando la renovación a todos los
cargos de confianza. El 28 de enero de 2011, se había producido el
mismo hecho respecto a Mazacruz.
Añadir
aquí el testimonio de distintas fuentes periodísticas que no han
dudado en resaltar el papel decisivo que en todo el entramado
judicial en el que se vieron inmersas, tanto la viuda como las hijas
del marqués de Paul, tuvo la jurisdicción de Albacete,
con participación especial de algunos magistrados, como el juez Juan
Manuel Sánchez Purificación.
Aunque
no fue el único que tuvo una particular intervención. Otro
magistrado con gran protagonismo fue Vicente Manuel Rouco
Rodríguez, presidente del Tribunal Superior de Justicia de
Castilla-La Mancha, sobrino del cardenal Rouco Varela, ex
presidente de la Conferencia Episcopal. Este magistrado era
buen amigo, al parecer, de María Dolores de Cospedal, ex
ministra de Defensa. Una ex dirigente nacional del Partido
Popular que también ha mantenido una estrecha relación con
Carlos Altuna.
También
son dignas de mención las amistades bien situadas de Carlos
Altuna, gracias en parte a la cobertura que le había dado actuar
como dueño de facto de Mazacruz. Entre ellos el rey emérito,
Juan Carlos I, quien por cierto, intentó poner paz en 2009 en
la guerra fratricida de los herederos del marqués de Paul.
El
rey emérito pidió a Alberto Ruiz Gallardón, que ocupaba la
alcaldía de Madrid, y que luego sería ministro de
Justicia de Mariano Rajoy, que mediara en el entuerto. El
encuentro acabó en un estrepitoso fracaso, hasta el punto de que
Carlos Altuna prohibió a la viuda de su padre acceder a la
finca de La Dehesa de los Llanos. Más aún, intentó
desalojarla de la casa palacio pese a que allí está enterrada su
hija mayor, Alejandra, fallecida en el año 2002 cuando aún
vivía su padre, el malogrado VII marqués de Paul.
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Próxima
entrega: La herencia Larios sigue sobre el tapete (y II)