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domingo, 2 de marzo de 2025

La Unión Europea baluarte de las libertades

 

RAMÓN TRIVIÑO


El enfrentamiento a cara de perro de Donald Trump con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, pone sobre el tapete la necesidad de que la Unión Europea (UE) juegue con determinación el papel de baluarte de las libertades en defensa y promoción de derechos fundamentales, como la democracia y el estado de derecho. Desde su creación la UE ha impulsado valores como la libertad de expresión, el libre tránsito de personas y la protección de derechos humanos, convirtiéndose en un modelo global, aunque también enfrenta desafíos como el auge de movimientos autoritarios, crisis migratorias y conflictos internos sobre el equilibrio entre soberanía nacional e integración.


Bronca entre Zelenski y Trump.


La UE defiende un enfoque multilateral, basado en el derecho internacional, los derechos humanos y el comercio regulado, frente a la tendencia de los Estados Unidos (EEUU) hacia el unilateralismo, con políticas proteccionistas y mayor presión sobre sus aliados para alinearse con los intereses estratégicos norteamericanos.

En este contexto, la nueva postura de Estados Unidos frente a la invasión de Ucrania ha producido un terremoto en las relaciones bilaterales entre ambas partes, ya que mientras para Europa las consecuencias de la guerra suponen un mayor impacto económico y energético, para EEUU es un puro negocio, otro más.

Las relaciones con China de las dos partes también se abordan desde postulados diferentes, EEUU adopta una postura de confrontación directa, frente a la UE que busca un equilibrio entre cooperación económica y protección de su industria. La guerra en Gaza es otro de los motivos de enfrentamiento. La UE presiona para encontrar soluciones diplomáticas frente a EEUU que respalda firmemente a Israel y su masacre genocida.

En materia de defensa Europa busca una mayor autonomía estratégica pero sigue dependiendo en gran medida de EEUU y la OTAN para su seguridad. De hecho, Las dudas sobre el compromiso estadounidense con la seguridad europea, han impulsado debates sobre un hipotético ejército europeo.

Desde la invasión rusa en febrero de 2022, Trump ha criticado el nivel de ayuda de EEUU a Ucrania y ya durante su campaña electoral se hartó de decir que "podría resolver la guerra en 24 horas". Ha cuestionado a Zelenski, sugiriendo que Ucrania no es un aliado clave y que EEUU no debería seguir enviando dinero sin condiciones, por último, ha elogiado a Putin en varias ocasiones, lo que genera dudas sobre cómo manejará el conflicto.

En definitiva, a pesar de las tensiones y discrepancias en el seno de la UE, Europa tiene la obligación de defender por todos los medios su modelo de convivencia que, sin duda, han disfrutado los europeos y aquí no valen paños calientes, hacen falta coraje, decisión y voluntad. En caso contrario, parece claro que estaremos en peligro.

miércoles, 22 de enero de 2025

Contra el fascismo

 

RAMÓN TRIVIÑO


El ascenso al poder, en Europa y América, de destacados líderes de la ultraderecha, nos pone ante la necesidad de adoptar medidas eficaces contra los movimientos ultranacionalistas que tanto dolor causaron en el mundo tan sólo hace unas décadas. Este fenómeno no surge de la nada, responde a causas complejas que, si no se comprenden y abordan, podrían llevarnos a repetir los errores más oscuros de nuestra historia.


Elon Musk.


El fascismo encuentra terreno fértil en contextos de crisis económica, desigualdad social y miedo al cambio. En un mundo globalizado donde las diferencias culturales y económicas son cada vez más visibles, los discursos ultranacionalistas prometen soluciones sencillas a problemas complejos, apelando al miedo y al rechazo de lo diferente. La desinformación, amplificada por las redes sociales, y el populismo, que explota las emociones más básicas de la población, también juegan un papel clave en este resurgimiento.
El siglo XX ofrece una lección contundente sobre los horrores del fascismo, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y los regímenes autoritarios en Europa y otras partes del mundo, llevaron a la pérdida de millones de vidas, a la destrucción de comunidades enteras y a la supresión de derechos fundamentales. Olvidar estas lecciones históricas nos hace vulnerables a repetirlas.

Estrategias para contrarrestarlo
Se hace necesaria la educación en valores democráticos. Es fundamental enseñar a las nuevas generaciones los principios de la democracia, la importancia de los derechos humanos y los peligros del autoritarismo.
Hay que destacar que una democracia sólida requiere instituciones independientes y transparentes que puedan resistir los embates del autoritarismo. Se hace necesaria la regulación del discurso de odio. Hay que implementar políticas que combatan la difusión de mensajes que incitan al odio y la violencia, sin comprometer la libertad de expresión. Además de fomentar una ciudadanía informada y crítica que reduzca la vulnerabilidad a la propaganda y las noticias falsas. Hay que recuperar la durmiente organización social, las manifestaciones pacíficas y el apoyo mutuo entre ciudadanos que son herramientas esenciales para resistir el avance de estas ideologías.

El papel de la ciudadanía
El fascismo no triunfa sólo, necesita la indiferencia o la complicidad de una sociedad desinformada o desmovilizada. Por ello, la participación activa de la ciudadanía en la defensa de los valores democráticos es imprescindible. Esto implica votar con responsabilidad, exigir rendición de cuentas a los líderes políticos y construir redes de apoyo que promuevan la solidaridad y la inclusión.
La lucha contra el fascismo no es solo una cuestión del pasado; es una tarea vigente que requiere la colaboración de todos. Aprender de nuestra historia, fortalecer nuestras democracias y actuar con determinación son pasos esenciales para garantizar un futuro libre de los horrores que estas ideologías han causado. Frente a los discursos de odio y exclusión, nuestra respuesta debe ser la unidad, la educación y el compromiso con un mundo más justo y humano.

jueves, 4 de julio de 2024

Estoy cansado

 

Llevo más de cuarenta años dedicado con mayor o menor intensidad al periodismo político que he ejercido en medios de distinto pelaje, creo que con rigor y sin casarme con nadie, pero hoy, mientras daba mi habitual caminata para tratar de evitar la decadencia del cuerpo, me he dado cuenta de que estoy cansado y quizá también escandalizado.


Los neopopulismos enferman a la democracia.


No se puede permanecer impasible ante lo que sucede a nuestro alrededor. Desde el exterminio del pueblo palestino, a la guerra oscura que tiene Ucrania como escenario. Pero tampoco ante el lawfare, en mi opinión una auténtica cacería, que se viene ejerciendo de la mano de algunos, aunque sean pocos, jueces y magistrados. No termino de entender que el hartazgo de una buena parte de la ciudadanía nos esté conduciendo a un claro retroceso en materia de derechos y libertades. Parece que el mundo occidental ha echado al cajón del olvido las desgracias que acarreó el ascenso del fascismo.

¿Quién es el responsable de lo que está pasando? Algunos, quizá los más atinados piensan que la precaria situación económica de muchas familias, el miedo, o la inseguridad de cara al futuro, están en el trasfondo de la situación. Otros, apuestan por señalar a los bulos y a los seudo medios de comunicación, aunque también añadiría las cabeceras de medios tradicionales, que actúan como la voz de su amo, junto a algunas emisoras generalistas de radio y televisión, que tratan a través de algunos de sus programas de confundir y aborregar a sus audiencias.

No puedo evitar escandalizarme cuando día tras día, personajes como Isabel Díaz Ayuso, a la que con seguridad le falta un hervor, marcan, un día sí y otro también, la agenda política. Los populismos que representan Feijoó y Abascal, sin propuestas que ofertar, basando sus discursos en burdas mentiras, hacen que la moral de una buena parte de los demócratas no se encuentre muy allá.

Habría que añadir que la falta de capacidad de la izquierda para forjar una unión necesaria, junto a la demostrada falta de eficacia de las administraciones públicas para resolver de manera ágil y eficaz los problemas de los ciudadanos, tenemos una administración dieciochesca, forman el caldo de cultivo que provoca la desesperanza.

Este panorama motiva cansancio y hastío, pero ante el escenario al que se enfrentan nuestros ojos cada día hay que apostar por más democracia, más valentía, mayor compromiso, más política de la buena y mayor activismo a favor de una sociedad más justa, más igualitaria y con mayor libertad.

viernes, 22 de junio de 2018

Una España con futuro


(A mi amiga Graciela, una luchadora de bandera)

Hace muy pocos días, antes de la estrepitosa salida del Partido Popular del Gobierno del Estado, la sensación que reinaba en muchos de nosotros es que estábamos tocando el fondo. Respirábamos el mismo ambiente que denunciaba,  hace ya un buen puñado de años, el poeta Gabriel Celaya en su obra La poesía es un arma cargada de futuro, que proclamaba a los cuatro vientos el cantautor y activista Paco Ibáñez.

“¡A la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo” clamaba entonces el cantautor, seguramente desconocido para los más jóvenes, pero que tronaba en la cabeza de los más viejos, que volvíamos a ver que el recorte de derechos y libertades  nos estaba llevando, otra vez, al límite.

Los que nacimos bajo el yugo de la dictadura, sabemos bien la situación de asfixia que produce la ausencia de libertad, que termina en desesperación. Alguien que sufrió el exilio durante el franquismo, me comentaba hace pocas fechas, que recientemente se había planteado, nuevamente, la posibilidad de huir al otro lado de los Pirineos.

Pero la metástasis del cáncer de la corrupción, que ha impregnado la gestión del Partido Popular, y que carcomía su acción en las instituciones, provocó el detonante que ha llevado al conjunto del Estado y de una gran mayoría de ciudadanos a recuperar la ilusión en un nuevo proyecto político de progreso que se puede resumir en cinco palabras, existe una España con futuro.

Pedro Sánchez preside el consejo de ministras y ministros.
Si creyese en los milagros, hubiese pensado que se había obrado uno de ellos, pero no. El vuelco en el estado de ánimo que envuelve a la mayoría de los componentes de los pueblos de España, se produjo por la responsabilidad mostrada por los representantes políticos, fundamentalmente de la izquierda en el Congreso de los Diputados, que han demostrado que otra forma de gestionar los intereses generales de los ciudadanos es posible.

Una ilusión colectiva que se abre paso de la mano del nuevo Gobierno, que preside Pedro Sánchez, y que ya ha dado las primeras muestras de que el camino a seguir está en las antípodas de sus predecesores. No solo son nuevas caras, gestos y guiños, sino compromisos que se van a ir plasmando poco a poco en nuevas políticas, ahí está, por ejemplo, el decreto que regulará de forma transitoria RTVE. Medidas que deberán hacer frente al retroceso en materia de derechos, servicios públicos y libertades esenciales, que trajo el PP en su cartera. Su gran error fue el anteponer los intereses de muy pocos, las cifras cantan, a los de la inmensa mayoría.

Hay que tener el convencimiento de que el camino no va a ser fácil. Ayer mismo se conocía la Encuesta sobre Condiciones de Vida (ECV) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y que revela que el 21,6 por ciento de la población vive con menos de 8.522 euros al año, esto es, que uno de cada cinco españoles se encuentra en una situación de riesgo de pobreza.

Una cifra que evidencia que la recuperación y la prosperidad, tan cacareadas, no han llegado a muchos niveles de la sociedad. También sabemos que es urgente abordar una nueva legislación laboral, derogar la llamada ley Mordaza y afrontar con seriedad y diálogo la cuestión territorial.

La tarea que viene es ingente. Como decía al inicio, habíamos tocado el fondo, pero mi querida amiga Graciela, hoy tenemos la seguridad de que, por ahora, no tendremos que volver a salir de España con la cabeza baja y la mirada perdida.

miércoles, 6 de junio de 2018

España abre el tiempo del cambio


Después de unas jornadas de trepidante actividad informativa, que comenzó con la victoria de la moción de censura de Pedro Sánchez, la caída, impensable hace pocos días, de Mariano Rajoy, la formación del nuevo Gobierno de España y, por qué no decirlo, la designación de la periodista Soledad Gallego-Diaz, al frente de la cabecera del emblemático diario El País, se antojaba una especial y óptima configuración de las estrellas, ha comenzado, sin remedio, el tiempo del cambio.

No hay que olvidar y siempre recordar, que el nuevo escenario político que se abre ante la ciudadanía, se debe al acuerdo de un conglomerado de fuerzas políticas, ocho en total, cada una de su padre y de su madre, que coincidieron en la necesidad de terminar con una etapa de la democracia española que había llegado al límite.

Pedro Sánchez promete su cargo en La Zarzuela.
La primera sentencia del caso Gürtel, solo fue la espoleta que provocó la explosión de una situación en la que además de imperar la corrupción, estaba dañada por el fuerte retroceso en derechos y libertades elementales y por una larga serie de políticas que tenían sumido al país en umbrales de pobreza, desigualdad y precariedad que no se recordaban desde los tiempos de la postguerra española.

Esas fueron las razones legítimas para que 180, más de la mayoría absoluta necesaria, de los 350 diputados que componen el Congreso, que representan, según el número de votos de las últimas elecciones generales del 26 de junio de 2016, la voluntad de más de 12 millones de electores, frente a los 11 millones que respaldaron al Partido Popular y Ciudadanos, contrarios a la moción de censura, decidieran abrir la puerta al necesario tiempo del cambio.

Es cuestión baladí afirmar que los tiempos que se avecinan no serán fáciles, creo que nadie ha dicho que lo vayan a ser, pero lo que sí parece claro, es que se dan las condiciones necesarias para que el fruto del esfuerzo colectivo se convierta en una fuerza transformadora que cambie el erróneo rumbo que llevaba España. Además, se contará con la herramienta esencial que supone el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, que en mi humilde opinión es el que posee más brillo propio desde la vuelta a la democracia.

En el camino que ahora emprendemos será esencial mantener la generosidad política que alumbró la moción de censura así como la conjura para mutar los daños que la derechona de siempre ha infligido a la gran mayoría de los ciudadanos. También es esencial, en el período provisional que se abre, mostrar la voluntad de resolver la terrible herida abierta a causa de la llamada cuestión catalana.
Es menester atender las clamorosas demandas sociales, al tiempo que encauzar las reformas estructurales, que por culpa de la acción de la derecha y también, de las circunstancias políticas, han hecho que España vaya con mucho retraso en la senda del progreso y el desarrollo, en relación a los países del entorno europeo.

Se ha hablado mucho estos días del ejemplo de Portugal, un modelo a seguir, en cuanto a la adaptación a sus necesidades y no a las crueles exigencias de Bruselas y del FMI. Portugal ha demostrado que otra forma de hacer política es posible, sin dejar de cumplir los compromisos adquiridos con la Unión Europea y los acreedores.

El timón de la nave le corresponde en esencia al flamante presidente Pedro Sánchez, que en su primera intervención pública tras tomar posesión de su cargo ante el Rey, prometió que su Gobierno tendrá como objetivo “escuchar, dialogar y anteponer siempre el consenso a la crispación” en la política española e internacional.

Una fórmula, que a tenor de las primeras declaraciones del resto de las fuerzas políticas que apoyaron la moción de censura, parecen ser el denominador común de las acciones que España necesita para volver a creer en un horizonte cargado de esperanza e ilusión.


Vídeo: Acto de toma de posesión de Pedro Sánchez.


sábado, 19 de mayo de 2018

Tenemos que reconquistar lo nuestro


Llevo bastantes semanas preocupado por el estado de las cosas, por la salud de la democracia, por el retroceso de derechos y libertades. Lo he dejado escrito en varios artículos como, por ejemplo,  La única receta para salvar la democracia, No vamos bien, Hay que retomar las calles, Sin libertad de expresión la democracia es imposible, o el que hablaba sobre la necesidad de Volver al activismo político.

Este mismo fin de semana, he tenido la ocasión de leer dos estupendos trabajos que creo que van en la misma dirección y que son de lectura obligada. De una parte, el firmado por la exdiputada Kechu Arámburu en el Confidencial Andaluz, titulado El pacto de silencio y en el que escribe “las cloacas cada día desprenden un hedor más nauseabundo, pendiente de una limpieza a fondo de toda la mugre, que arrastra décadas de prácticas camorreras”.

Existe una sensación de decepción colectiva.
Y de otra, el del siempre brillante Carlos Elordi, que en eldiario.es titula Nos están embruteciendo a conciencia, en el que hace una afirmación, que sirve al menos para dar unas pensadas, cuando se refiere a todos, y digo todos, los actuales dirigentes políticos y señala que “no tienen nada que decir sobre las dramáticas crisis, políticas e institucionales, que vive España. Y que la suerte de las elecciones se vaya a dirimir en base a eso da miedo. Porque sugiere que vamos a seguir igual por mucho tiempo. O peor”.

En los textos citados se expresan realidades objetivas y argumentos irrefutables, al igual que lo hace el profesor Federico Mayor Zaragoza en su reciente libro “Recuerdos para el porvenir, referentes y valores para el siglo XXI” y que glosa la periodista Rosa María Artal diciendo, “En un momento el que los Derechos Humanos están siendo seriamente vapuleados -y lo que es peor, obviados, ignorados-  es incluso saludable escuchar a quien ha hecho de su defensa razón de vida”.

Una de las virtudes del activista político es no dejarse llevar por el desánimo y continuar creyendo que el futuro sigue estando en nuestras manos, en la voluntad colectiva de toda la ciudadanía, en el poder del voto y de la movilización en la calle. Tenemos ejemplos muy recientes de lo que aquí se dice, como son los casos de pensionistas o feministas.

Esta sensación de decepción colectiva, de incapacidad para resolver las cuestiones y retos que de verdad tiene planteados la sociedad española, debe ser superada y no dejar que el árbol nos impida ver el bosque. Tenemos que recuperar lo nuestro.

Y parece que la única forma para avanzar hacia ese objetivo es seguir trabajando en la concienciación de que los graves problemas planteados, no se resolverán de la mano de una varita mágica. Todo lo contrario, la solución pasa por la acción colectiva de todos los sujetos sociales que tienen como denominador común las ideas de progreso y de la izquierda.

Hoy vuelvo a plantear como más necesario que nunca el debate, el diálogo, el acuerdo y la movilización que pueda conducir al conjunto de los españoles a recuperar la ilusión por un proyecto colectivo para la gran mayoría de los ciudadanos. Estas circunstancias ya se dieron en otros momentos de la reciente Historia.

sábado, 24 de marzo de 2018

No vamos bien


La jornada del viernes día 23 de marzo volvió a ser una fecha aciaga para la democracia española. Se me antoja que el encarcelamiento de los líderes del 'procés’ es una medida judicial desproporcionada que viene a emponzoñar aún más si cabe, el delicado estado de salud del sistema democrático español.

Me encuentro consternado. Siempre he defendido  el cumplimiento de la ley para todos, pero también la aplicación de la Justicia independiente. Creo que Mariano Rajoy nos empuja hacia una involución que sitúa a España en el franquismo. Por lo que propongo poner fin al delirio colectivo. La vuelta al imperio de la razón, del diálogo, del acuerdo, del respeto.

Dirigentes independentistas.
El escritor Benjamín Prado decía esa misma triste jornada que “yo no quería esa Cataluña, pero tampoco quiero esta España”, mientras que mi admirada Maruja Torres advertía, “recordad que, cuando todo ya está jodido y bien jodido, ya a nadie le importa quien, ni por qué empezó. Los conflictos crean su propia dinámica perversa e imparable. Qué pena”.

Alguien, también señalaba que “frente a decisiones políticas delirantes, decisiones judiciales delirantes. Lo malo es que la cárcel es real”. Un pensamiento que avala una realidad, pero que no abre paso a la esperanza. Por el contrario, el líder del PSC, Miquel Iceta, sí buscaba una salida hacia el futuro, cuando decía “si Cataluña quiere avanzar, no lo haremos sobre la base de dos bloques enfrentados, sino sobre un amplio consenso que es lo que históricamente ha hecho avanzar al país”.

En la misma línea se manifestaba el magistrado Joaquim Bosch Grau, “el conflicto catalán se agrava si no se impulsan medidas políticas y si todo se reduce a lo judicial. La sección catalana de Juezas y Jueces para la Democracia recuerda el carácter excepcional de la prisión provisional y las dudas sobre que exista rebelión”.

También hacía oír su voz el veterano miembro de la izquierda, Gaspar Llamazares, quién insistía en que  “ni el estado español es fascista ni los independentistas los demócratas. En ambas posiciones hay actitudes respetuosas con la pluralidad y con la ley, y también otras partidarias del decisionismo y autoritarismo. Ganan los autoritarios”.

Sirvan estos ejemplos para avalar mi tesis de que los derechos, la libertad y, por lo tanto el propio sistema democrático, corren serios peligros en el conjunto de la España de hoy, aunque lo importante sea nuestra propia entereza y principios en defensa de los Derechos Humanos, a pesar de los empujones de la derecha y sus acólitos hacia una involución.

Por todo lo expuesto, creo que no se debería echar en saco roto la propuesta del periodista y escritor, Manuel Rivas, quién se pregunta “a la vista de lo que está sucediendo,  con la sustracción democrática en vigor y las cárceles detrás de la libertad, ¿no ha llegado el momento de constituir en todo el Estado español un movimiento por los derechos civiles?

Creo que la respuesta es afirmativa, y que como hoy mismo pedían numerosas fuerzas políticas y colectivos sociales hay que hacer un frente común para salvaguardar los derechos democráticos que están en peligro. Para meditar sobre la cuestión puede servir bien la semana de penitencia que ahora se inicia.‏

martes, 20 de febrero de 2018

Vídeo blog: Por la huelga feminista


El próximo día 8 de marzo numerosas entidades españolas han convocado, o mostrado su apoyo, a la convocatoria de la huelga feminista, que será secundada en más de 40 países.

Una movilización que no llega exenta de polémica, al menos aquí en España. No solo por la división entre los mismos partidarios de la convocatoria, sino también por las feroces críticas de la derechona de siempre, que quedan reflejadas, por ejemplo, en un artículo, del que discrepo de la A a la Z, publicado por el diario El Mundo, firmado por Cayetana Álvarez de Toledo, y en el que afirma que “No es una huelga pro-mujer sino anti-humana”.

La protesta se inspira en “el día libre de mujeres” que tuvo lugar en Islandia en 1975. El noventa por ciento de las mujeres abandonaron su puesto de trabajo durante veinticuatro horas. Al año siguiente el Parlamento islandés garantizó los salarios igualitarios.

Las mujeres protestarán el 8 de marzo por la desigualdad y contra la violencia machista. Dejarán de trabajar, de cuidar y de limpiar para protestar contra un sistema político, económico y sociocultural que oprime a las mujeres en todo el mundo y que aspiran a subvertir.


Los hombres de Islandia bautizaron el citado “día libre de las mujeres” como “el largo día”.

martes, 31 de octubre de 2017

Reformar la Constitución, objetivo prioritario

Envueltos en el fragor de la batalla de la llamada cuestión catalana, la mayor crisis política en España desde los golpes de Estado que derribaron la República en 1936 y el que intentó terminar con la joven democracia española el 23-F de 1981, se abre paso la imprescindible reforma de la Constitución Española del 78, un camino difícil, pero no imposible, debido a la necesidad de encontrar mayorías cualificadas en el Parlamento, que exigen amplios consensos, como determina el Título X de la vigente Carta Magna.

Como ha dicho con claridad la jueza Victoria Rosell "no hay ningún artículo de la Constitución que no se pueda modificar por los cauces legales". Esta afirmación, en la que parecen coincidir la mayoría de las fuerzas políticas y, sobre todo, la mayor parte de los ciudadanos, hace más que recomendable no dejar pasar la oportunidad de acometer ahora, cuando se van a cumplir 39 años de su entrada en vigor el proceso de una profunda reforma.

La mayoría cree necesaria la reforma constitucional.

Pero una reforma para modernizarla, para clarificarla, para resolver la cuestión territorial y, sobre todo, para salvaguardar y reforzar los derechos esenciales de los ciudadanos, y no para resolver las necesidades de las fuerzas políticas o de sus privilegios.

En este sentido, hay que valorar la iniciativa del Partido Socialista (PSOE), una de las fuerzas esenciales en impulsar y desarrollar la Constitución vigente, que mostraba su alegría de que por fin se haya entendido que la España de 2017 no es la España de 1978, “y un nuevo tiempo, necesita una nueva Constitución”.

El pasado 11 de octubre, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, anunciaba un acuerdo con Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, para iniciar la reforma de la Constitución, en el seno del Congreso de los Diputados. Sánchez conseguía que a cambio del apoyo a la aplicación del 151 en Catalunya, Rajoy aceptara abrir la reforma constitucional en un plazo de seis meses, cuando concluyan los trabajos de la comisión de estudio del modelo territorial que han impulsado los socialistas en el Congreso.

Se abría así un horizonte de esperanza al conseguir que la reforma de la Constitución, dejara de ser materia tabú o inalcanzable, sobre todo debido a la necesidad de los amplios consensos ya explicados. En este sentido, Pedro Sánchez dirigía, el 13 de octubre, una carta a la militancia del PSOE en la que aseguraba que su partido va a buscar espacios de entendimiento, “para la construcción de un nuevo Pacto Constitucional del que se sienta partícipe el conjunto de la sociedad española, y muy especialmente nuestros jóvenes”.

Con esta importante iniciativa se abre una oportunidad histórica, demandada por la gran mayoría, con la que se trata de buscar, sobre todo, un pacto intergeneracional. Dejando al margen, pero no de lado, la crisis de Catalunya, se plantea hacer frente a los nuevos/viejos desafíos, como el fortalecimiento de los derechos y libertades; la adecuación de la articulación con Europa, el refuerzo del Estado Social para garantizar la igualdad entre todos los ciudadanos, la mejor calidad democrática o la regeneración de la vida política y de las instituciones.

Ahora queda luchar para que las palabras no se las lleve el viento y para que los intereses partidistas y electorales, no emborronen la senda que conduce a la necesaria y anhelada reforma de la ya vieja Constitución Española, que quieran algunos, o no, ha deparado los mayores logros de la Historia más reciente.